martes, 10 de junio de 2008

UNA MESA DE BILLAR FRANCES

El tipo aquél llevaba viniendo por el bar poco más de dos semanas. Todas las noches, a la misma hora, llegaba, se sentaba en un taburete al final de la barra, pedía una cerveza y un tequila, que tomaba de un solo trago, apoyaba los codos sobre el mostrador y con la mirada perdida saboreaba lentamente la Coronita que yo me había encargado de servirle. Pantalón vaquero viejo, botas negras, cazadora de cuero marrón, pelo despeinado y barba de tres días.

Como si todo formara parte de un ritual, tras beberse la cerveza, esperaba paciente a que llegara casi la hora de cerrar. Para ese momento los clientes ya se habían marchado y la mesa del billar que estaba al fondo del local se quedaba vacía. Aproximadamente media hora antes del cierre, él se acercaba a la mesa, echaba una moneda y comenzaba una solitaria partida de billar francés, que duraba hasta apenas unos minutos antes de cerrar. En ese momento, el dejaba el taco del billar colocado, se alejaba de la mesa, pasaba frente a la barra y se dirigía hacia la puerta, mientras yo, con todo el local recogido ya, me colocaba mi cazadora y cogía las llaves para salir detrás de el y echar el cierre.

Los primeros días sentí algo de miedo al quedarme sola con él en el bar, a esas horas. Después me acostumbre a su presencia, tanto que a veces se me hubiera olvidado que estaba allí, de no ser por el ruido que las bolas del billar hacían al chocar entre si. Yo recogía todas las noches con total naturalidad. Jamás me sentí observada. Iba de un lado para otro colocando mesas y sillas, recogiendo vasos y a veces hasta me sorprendía canturreando.

Nunca, ninguna noche, me fije por donde se iba él. Yo salía detrás y me quedaba cerrando con llave la puerta del bar. Cuando acababa, me abrochaba la cazadora, guardaba las llaves en el bolso y me encaminaba a pie hasta mi casa, a pocos metros del sitio donde trabajaba. Algunas noches la luna me acompañaba en mi paseo, otras camina sola con mis pensamientos. Nunca antes gire la cabeza para ver como él se metía, agazapado entre la oscuridad, en el portal de enfrente y me miraba mientras yo avanzaba, sola, por la calle iluminada de farolas. Nunca, hasta la noche que oí unos pasos a mi espalda y note una mano agarrándome por la cintura.

Aquel contacto hizo que me sobresaltara. A esas horas y en la oscuridad de la noche mi instinto me hacia presagiar que nada bueno podía ocurrir. Gire la cabeza y le vi, el jugador de billar estaba detrás de mi, rozándome levemente la espalda. Le mire sorprendida…. “Disculpa” me dijo “Creo que me he olvidado las llaves de mi casa en el bar. ¿Podrías abrirle para recogerlas? Si no, esta noche tendré que pasarla en la calle y aunque no tengo mucho sueño……… no me apetece dormir a la intemperie”.

Sin mediar palabra y con cierto fastidio, gire sobre mis pasos, seguida de nuevo por el jugador, para abrir el bar y que cogiera sus llaves. Entramos una tras otro, encendí las luces. Él se dirigió hacia la mesa de billar y buscó las llaves. Con ellas de la mano, se encamino hacia la puerta y al llegar a mi altura se acerco y dándome las gracias, me dio dos besos, el primero en la mejilla y el segundo, tomándome por la cintura y apretándome contra el, me lo dio en la comisura de los labios.

Un golpe de viento termino de abrir la puerta que había quedado entreabierta. El jugador se dirigió hacia ella y agarrándola por el pomo, la cerro tras de si, dejándome sola en el bar, con la mirada perdida.

Al día siguiente todo transcurrió como de costumbre. A la misma hora de siempre él llego, se sentó en su rincón y comenzó el ritual de todas las noches. De vez en cuando yo le miraba de reojo, como intentando vislumbrar algo nuevo, distinto, en él, pero no fue así. Mantenía el mismo gesto, la misma mirada y la misma actitud de todas las noches.

Como todas las noches espero a que el local se quedara vacío para jugar su partida de billar. Como todas las noches yo comencé a recoger el bar. Como todas las noches, unos minutos antes de cerrar él se dirigió a la puerta, pero esta vez no para abandonar el local. Paso frente a mí, me quito las llaves que tenia en la mano y cerro el local por dentro, quedándonos ambos encerrados en él, y guardo las llaves en un bolsillo de su pantalón. Volvió sobre sus pasos hacia la mesa y mientras echaba otra moneda, me pregunto “¿Juegas al billar?”. “Si” conteste, y ofreciéndome un taco, me invito a acercarme. Me acerque quitándome la cazadora que ya llevaba puesta y dejándola sobre una mesa, tome el taco y espere que él colocara las bolas. “Adelante, me dijo, tu primero” Entice el taco y con un golpe seco y suave, logre mi primera carambola. Me aparte de la mesa, para darle paso a él, que me observaba desde una esquina de la misma. Sin cambiar de posición y sin dejar de mirarme, golpeo la bola que choco sin éxito contra un lateral, cosa que a él no debió importarle mucho. De nuevo mi turno. Observe las bolas y me coloque de nuevo para volver a golpear. Concentrada como estaba en la jugada no oí como se acercaba a mi y se situaba detrás . Al levantarme, mi espalda choco contra su pecho, a la vez que una mano me sujetaba la cintura desde atrás y los labios del jugador se posaban en mi cuello. Apoye el taco en el suelo, a modo de bastón, mientras él dejaba caer el suyo al suelo. Su cuerpo se inclino hacia delante haciéndome que adoptara de nuevo la posición de jugar. Me tomo la mano que sujetaba el taco y con ella entre las suyas, se coloco para hacer chocar las bolas, aprisionando mi cuerpo entre el suyo y la mesa de billar, y sin separar sus labios de mi cuello. No se como consiguió hacer carambola, quizás solo fue casualidad.

Hizo que soltara el taco sobre la mesa y extendió mis brazos sobre ella, sujetándolos con sus manos. Mi cara, girada, reposaba sobre el tapete, mientras su boca recorría mi mejilla y mi oreja y notaba su respiración en mi espalda. Respire hondo y cerré los ojos, abandonándome a sus besos y a las caricias que empezaba a regalarme sobre los brazos y que iban bajando poco a por mis costados, acariciando levemente mis pechos, hasta terminar en mi cintura. Allí se colaron con hábil maestría entre la mesa y yo y comenzó a desabrocharme el vaquero. Yo permanecía quieta, sin atrever a moverme, esperando……… Note como termino de desabrocharme el pantalón y como comenzaba a despojarme de el, a la que vez que me quitaba también el tanga. Cuando ambas prendas estaban en mis tobillos, me tomo por debajo de los brazos y me incorporo, se pego a mí, haciéndome notar contra la piel desnuda de mis nalgas el áspero tejido de su pantalón. Con un par de movimientos rápidos, saque los pies de los zapatos y me termine de liberar de los vaqueros: “Muy bien” me susurro al oído para después dejar deslizar su boca sobre mi cuello, mientras me desabrochaba la camisa. En pocos minutos estaba completamente desnuda ante el, que por el contrario no se había quitado una sola prenda. Me acariciaba los pechos pellizcando mis pezones, que yo sentía cada vez más duros por la excitación. Algunos jadeos comenzaron a escapar incontroladamente por mi boca, mientras sus labios se apretaban mas sobre mi cuello y yo reposaba la cabeza en su hombro. Sin soltar mis pechos, me empujo nuevamente la espalda con su cuerpo hasta quedar otra vez con el torso sobre la mesa de billar. Con sus pies entre los míos, empujándolos levemente, me separo las piernas e introdujo una mano entre ellas. Acaricio mi sexo lentamente con la palma de su mano. Yo me sonroje al saber que estaba notando mi humedad, mi gran excitación… Acto seguido sentí entre los labios de mi sexo algo duro, frió, redondo, que se frotaba contra ellos, dentro de ellos. Gire un poco la cabeza y vi como el jugador sostenía en taco de billar que estaba frotando contra mi. Deslizaba el taco sobre mi coño húmedo cada vez con mayor rapidez, desde el clítoris hasta la entrada de mi vagina, arrancándome gemidos de placer, hasta que note como introducía el taco en mi, con una ligera presión que me hizo dar un respingo. “Tranquila………… quieta” susurro, e introdujo un poco mas el taco en mi interior. Empezó a follarme con el taco casi con brusquedad, pero yo cada vez estaba mas excitada y agitaba mis caderas sobre la mesa de billar, buscando el taco, buscando la sensación de sentirme llena. Mi culo debía de estar dándole un esplendido espectáculo. Mi respiración era cada vez mas acelerada pues el momento del orgasmo se acercaba. El lo noto y durante unos segundos acelero el ritmo. Estaba a punto de correrme cuando en una de las embestidas del taco, este se salio de mi. En un gesto instintivo lleve una de mis manos hasta mi entrepierna, pero el jugador me sujeto la muñeca, y me susurro al oído “Aún no…. “ Me puso de pie y me dio la vuelta, quedándome de frente a él. Empezó a besarme los pechos, mordisqueando mis pezones. El calor que sentía entre mis piernas se acentuaba con las caricias de su lengua y sus mordiscos. Le desabroche la camisa y se la quite, quedando ante mi un torso fuerte y musculoso, apenas surcado por algo de vello, que yo recorría con las manos de arriba abajo. El me apretó contra si y me beso con pasión mientras mi cuerpo se dejaba caer de nuevo sobre la mesa de billar, esta vez de espaldas. Me acomode en el centro de la mesa y le espere…… espere que el llegara hasta mi, que me regalara nuevos besos y caricias. Su mano sabia empezó a acariciarme entre las piernas, rozando a penas con la yema de los dedos mi clítoris. Nuevas oleadas de placer surcaban mi cuerpo, y un deseo irracional comenzaba a apoderarse de mi. Jadeaba, gemía, gritaba…… iba a estallar de un momento a otro entre sus manos. Cerré los ojos, apreté los labios y tuve un orgasmo que me dejo tiritando sobre la mesa de billar. Apenas me había recuperado el saco su sexo del pantalón y empezó a acariciarse sin dejar de mirarme. Me incorpore, me coloque de rodillas frente a el y devore aquella polla dura y caliente. Mi boca se lleno de ella, mi saliva la empapaba por completo y mi lengua la envolvía, lamiéndola golosa. Le oír rugir de placer sobre mi cabeza, mientras con sus manos dirigía mis movimientos, ya no era yo la que engullía, ahora era el que follaba mi boca. Notaba las embestidas de su polla casi en la garganta e intentaba reprimir las arcadas, pero a duras penas podía conseguirlo, sin embargo mis labios se aferraban a su verga sin soltarla. Su respiración se aceleraba a la vez que el movimiento de su pelvis frente a mi cara, hasta que note en mi boca el sabor salado de su semen y los espasmos de su orgasmo. Soltó mi cabeza y dando un paso atrás libero su sexo de mi boca. “Apuesto a que sigues húmeda” me dijo, y poniéndome de pie introdujo un dedo en interior. Sentí como me ponía roja al comprobar como el notaba mi gran excitación. Empezó a mover el dedo lentamente, para introducir después otro…. El contacto con su carne me abrasaba por dentro. Me coloco nuevamente de espaldas a el y me apoyo sobre la mesa de billar. “Ahora si” me susurro al oído, mientras introducía su polla en mi y empezaba a follarme cada vez con mas rapidez, con mas urgencia, agarrándose a mis caderas hasta que me hizo estallar de nuevo en un orgasmo al que le sucedió otro y otro mas. Mi tercer orgasmo coincidió con el suyo. Note como se vaciaba dentro de mi otra vez.

Estaba exhausta…. Medio tumbada sobre la mesa de billar con él a mi espalda, oia sus movimientos pero era incapaz de levantarme a mirar, hasta que le vi pasar por delante de mi, vestido, camino de la puerta. Se giro para dejar las llaves sobre la barra del bar, pero ni siquiera me miro.

La noche siguiente el tipo aquél no llegó a la hora de siempre, no se sentó en un taburete al final de la barra, no pidió una cerveza y un tequila, y no la saboreo con la mirada perdida. La noche siguiente, el tipo aquel: pantalón vaquero viejo, botas negras, cazadora de cuero marrón, pelo despeinado y barba de tres días entro justo a la hora de cerrar, camino derecho hacia el billar, cogió un taco, y plantado frente a él, me dijo: “¿juegas al billar?”

EL ALMA EN OFERTA


El alma en oferta nunca fue vendida. Nadie se asomo jamás a su escaparatito redondo, con su pasión que se desgranaba en rojo y negro, no estimulaba mercedes, no contemplaba el planetario desde su ventana.

El alma en oferta permanecía inmóvil, pegada junto al cristal por el que veía pasar la vida… la vida de los otros, la vida que se la escapaba entre los dedos.

El alma en oferta sentía: reía, lloraba, cantaba, gritaba, esperaba… pero nadie oía su risa, ni su llanto, ni su canción, ni sus gritos……… nadie la esperaba ni la desesperaba.

El alma en oferta lloraba, con sus ojitos de amor que ya no amaban, miraba y miraba y apagaba su jornada.

El alma en oferta crecía a veces, y se veía capaz de romper el cristal y escapar, de ser ella por unos instantes, y se imaginaba en otros lugares, en otras pieles, con otros nombres…..

El alma en oferta se hacia a veces chiquitita, y se quedaba en su rincón protegida por el escaparte, lejos de heridas y decepciones, sintiendo que no sentía.

El alma en oferta soñaba con el día en que un dedo la acariciara, unas manos la tomaran y un aliento la arrancara un suspiro….. pero el alma en oferta………. nunca fue vendida.

miércoles, 21 de mayo de 2008

EL REGRESO


Por Sayyid...........



Después de pasar un par de horas tomando unas copas y exhibiendo a mi esclava por algunos locales de la ciudad, decidí que ya era el momento de volver a casa. La noche estaba resultando muy satisfactoria, y me apetecía acabarla disfrutando una vez mas de mi sumisa.

Por ello volvimos a mi casa, dejando que el frescor de la noche eliminara los vapores del alcohol y despejara mi ya de por si, caliente imaginación.

Una vez en casa, hice pasar a mi sierva al salón, y le pedí que me sirviera una copa, mientras yo me sentaba en el sofá. Lo cierto es que, pese a lo avanzado de la hora, estaba esplendida enfundada en aquel ceñido vestido.
Mi esclava me trajo la copa y se tumbo a mis pies mientras yo disfrutaba del licor y de su presencia. Estaba preciosa, como una dulce y sumisa perrita enroscada a mis pies. Creo que era feliz así.

Le pedí que se levantara y que se quitara la ropa. Ella así lo hizo, desnudándose lentamente, permitiéndome saborear el placer de ver su blanca carne a la luz de una tenue lámpara que lucia en el rincón del salón.
Se quitó su vestido, quedándose solo con sus zapatos de tacón, sus medias de seda negra, su liguero y su collar de esclava. El pelo suelto sobre sus hombros, y una mirada lasciva en sus ojos.

- Ven, acompáñame arriba, le ordené.

Ella comenzó a andar detrás de mi, pero al verlo me di la vuelta y le dije:

- Así no, ¿eres mi perra, no? . Pues demuéstramelo… quiero que me sigas a cuatro patas por el pasillo, y que subas así la escalera.

Ella no pareció sorprenderse de mis deseos, así que se agachó, se puso a cuatro patas, como la bella perra que era, y me siguió hasta la escalera, donde yo me paré.

- Sube tu primero.
- Si, Mi Señor.

Mientras ella subía la escalera a cuatro patas, contoneando su apetitoso culo, moviéndolo insinuantemente, pues ya sabia que era eso lo que yo quería ver, mi excitación crecía por momentos.
Poder ver ese coño depilado, y ese culo tan delicioso, que yo sabia serían míos en unos momentos, no hizo sino acrecentar mis deseos de poseerlos inmediatamente. Pero venciendo mi natural ansiedad, decidí esperar y disfrutar del impresionante espectáculo que mi esclava me estaba brindando.
Subí detrás de ella hasta la habitación, y comprobé que me estaba esperando allí, aun en su posición perruna, mostrándome su sexo y su culo, dándome a entender que eran míos y que yo podría hacer con ellos todo aquello que deseara.

Lentamente, me acerque al armario y saque de el un negro pañuelo de seda, y mi fusta de cuero.
Me acerque a mi esclava y dejé la fusta encima de la cama para que ella la viera. Pude notar como sus pupilas se dilataban, no se si de placer, o de miedo, pero me gustó que así fuera.
Con el pañuelo le vendé los ojos, y después, cogiéndola del pelo, tiré de ella suavemente, moviéndola por la habitación, para que perdiera la noción de donde se encontraba.

Después de ese breve paseo, la coloqué, apoyada en una silla, dejando a mi vista su culo, su espalda y su cuello…
Regresé hasta la cama y tomé la fusta en mis manos, acercándome a mi sierva.
Después de besarla en el cuello y susurrarle lo que iba a pasar… comencé a acariciar su piel con la fusta, suavemente… alargando las caricias, recorriendo sus glúteos, separando sus muslos para dejar su sexo al aire, acariciando el interior de sus piernas…
Cuando ella ya estaba lo suficientemente relajada… llegó el primer fustazo. No fue muy fuerte, pero como no se lo esperaba, soltó un pequeño grito, mas bien de asombro que de dolor, aunque rápidamente me pidió perdón.

- Lo siento, Mi Señor, no pude evitarlo.
- No grites, o tendré que amordazarte, no quiero que escandalices a mis vecinos

Dicho esto, comencé a acariciarla de nuevo con la fusta, hasta que la golpee de nuevo, esta vez con mas fuerza, dejando su piel marcada de un ligero color carmesí, sintiendo como el escozor recorría su cuerpo.
A este segundo fustazo le siguieron unos 15 mas, repartidos por sus nalgas, el interior de sus muslos, su espalda….
Era delicioso ver como su piel adquiría color y calor a medida que mi fusta hacía su trabajo, como aquella piel, antes blanca e inmaculada, quedaba marcada por mi.
Me alargué en mi castigo un rato más, hasta que su piel ya estaba caliente, dolorida, preparada…

Ante aquel hermoso espectáculo de piel enrojecida, no pude por menos que liberar mi duro sexo, y separando un poco sus piernas para favorecer mi deseo, la penetré, sintiendo como el calor y la humedad de su coño recibían a mi polla, mojándola, besándola, acariciándola en cada embestida.
Comencé a penetrarla, primero lentamente, poco a poco, dejando que notara la hinchazón de mi sexo, dejando que sus flujos me lubrificaran, sintiendo como el placer acudía una vez más a mi. Poco a poco seguí entrando y saliendo de su cueva , mientras mis dedos juguetones, acariciaban, lubrificaban y abrían su estrecho ano, cerrado sobre todo por el aun lacerante dolor de mis fustazos.
Era todo un placer poseer así a mi esclava, montándola como a una yegua en celo, sujetado la crin de sus cabellos, empujándola, sometiéndola, poseyéndola.
Ella respondía a mi embestidas con gemidos de placer, con movimientos ritmitos de sus caderas, con la humedad de su boca, cuando mis dedos entraban en ella.

- Te gusta he, perra?. Le decía yo
- Si Amo, me gusta, me gusta mucho, no pares, te lo suplico.
- No lo haré, claro que no,,, voy a seguir follandote hasta que no pueda más.

Poco a poco mi ritmo se fue incrementado, aumentando la velocidad y la fuerza de las embestidas. El placer acudía a mi en oledas continuas, por lo que tenia que subir y bajar el ritmo para no correrme aun.

- Amo, no pudo más ya, por favor, me permite Usted correrme?. Por favor Amo
- No, no, aun no te lo permito. No quieras acabar tan pronto

Mis dedos se empapaban de saliva en su boca y luego se los introducía en su cada vez mas abierto ano. Sus espasmos me enloquecían, y cada vez me costaba más resistir la tentación de dejarme llevar y correrme allí mismo… pero aun tenia otros planes.
Cuando ya había dilatado lo suficiente su elástico esfínter, decidí que era el momento de culminar aquella orgía de placer.
Sacando mi polla completamente mojada de su coño, la coloque sobre su ano, empujando suavemente, pero con firmeza, hasta que, no sin cierta molestia, por parte de mi esclava, mi carne dura y caliente, desapareció dentro de su culo. Al mismo tiempo, mi mano, ya liberada de la necesidad de excitar su negro agujero, bajó hasta su hinchado y palpitante coño, comenzando a acariciar su clítoris, cada vez mas fuerte, cada vez mas rápido….

- Ayyyy Amo, me duele, me duele, pero no pares, no, por favor, no pares ahora.
- No, claro que no voy a parar… ¿te gusta?. Disfruta, disfruta de tu placer,,, disfruta de tu dolor… y córrete para mí.

Como si mi comentario fuera lo único que ella estaba esperando, comenzó a incrementar su ritmo, dejando que mis dedos acariciaran su coño, su clítoris,,, mientras sus movimientos cada vez mas fuertes, mas rápidos, no dejaban de aumentar la frecuencia de mis embestidas en el interior de su culo, con lo que, al sentir que ella se corría de gusto entre mis dedos, me dejé llevar, y calidos chorros de semen caliente y espeso, inundaron su intestino, vaciándome completamente, una, dos, tres, cinco veces… hasta quedar exhausto, vacío.. y satisfecho…

Después de dejarme caer la suelo, mi sierva, quitándose la venda de sus ojos, se arrimó a mi, y dulcemente, comenzó a recorrer mi verga con su lengua, limpiándola y regalándome mis últimos espasmos de placer…

- Ven, le dije

Y acariciando su suave pelo, la bese tiernamente en los ojos y pasionalmente en su dulce y húmeda boca.

Después, ayudándola a levantarse, la acerqué a mi cama, y colocando su colchón a los pies de la misma, la tumbé, la descalcé, la desnudé, y cambiando su collar de esclava por otro con una argolla de acero, la até, con una fina cadena que a tal efecto allí tenia, a la pared, acostándome yo en mi cama, disfrutando del placer de tener allí mismo, a mi sumisa perra, a mis pies…

- Que tengas hermosos sueños, la dije

Y me dormí con la satisfacción de sentirme Señor de mi sierva.

martes, 20 de mayo de 2008

LOCURA



En aquel momento no recordaba nada de lo que había sucedió anteriormente….. no quería recordarlo. No necesitaba saber como había llegado hasta allí. Tan solo era consciente de que me encontraba sobre la cama, desnuda, entre las sabanas revueltas a mi lado y junto a ti.

Me agarraba a la tela que me envolvía, con pasión, con frenesí, mientras mi boca entreabierta dejaba que tu impúdica lengua se introdujera en ella para recorrerla sin el menor atisbo de piedad, sin darme lugar a jadear a mi antojo.

Una de tus manos apretaba mis pechos con vehemencia mientras la otra recorría mi sexo con una sabiduría y una habilidad innatas. La humedad no solo empapaba esa parte de mi cuerpo, sino que llegaba también a mis muslos, tal era la excitación que sentía, y además mojaba tu mano, que no daba un respiro a mi coño.

Me acariciabas el clítoris lentamente, para ir aumentando el ritmo poco a poco, mi respiración se agitaba haciendo que mis pechos subieran, como buscando tu mano. Me hacías llegar al límite, y cuando estaba a punto de estallar, me abandonabas a mi desesperación, sin desamordazarme con tu boca, para después volver de nuevo a la carga introduciendo uno…….dos……. tres dedos en mi mojada cavidad, que comenzabas a mover, haciéndome gemir de nuevo, ronroneando entre tus brazos como una gata en celo. Cada vez que notaba como tus dedos entraban y salían de mí, me agarraba con más fuerza a las sabanas. Intentaba zafarme de tus besos para jadear libremente, pero tu mano atenazaba mi nuca pegando mi cabeza a la tuya, sin dejarme escapatoria.

A un segundo de tocar el cielo con las manos sacaste los dedos de mí, dejándome otra vez desesperada, a punto de sollozar. Que cruel tortura me estabas inflingiendo. Nunca pensé que el placer pudiera doler tanto, y de repente a mi cabeza llego una frase tuya: “Es necesario conocer el dolor para poder reconocer el placer” ¿Era eso lo que estabas haciendo conmigo?

Volviste a la carga con mi clítoris, cada vez mas hinchado, cada vez más sensible al tacto. Yo albergaba la esperanza de que esta vez me dejaras llegar hasta el final, pero pude volver a comprobar que tu crueldad no tenía límites.

El deseo me hizo enloquecer de tal forma, que sin saber como, ni de donde saque la fuerza, logre zafarme de ti, que quedaste tumbado en la cama boca arriba, con tu miembro duro, fuerte, poderoso, enhiesto. No pensé, solo actué. Me coloque a horcajadas sobre ti, llenándome de ti, clavándome tu polla hasta el final y comencé una frenética cabalgada, cegada por el deseo de llegar hasta el éxtasis. Te mire a los ojos y solo vi frialdad en ellos, pero apenas si pude percatarme de ello, cegada como estaba en llegar a mi propio placer. No me percate de tu mirada vacía, de tu gesto impertérrito, de tus brazos reposando a ambos lados de tu cuerpo, inertes.

Tras una lujuriosa cabalgada llegué al éxtasis. Note como desde mi vientre me recorrían escalofríos electrizantes por toda la espalda. Gemí como nunca lo había hecho, mordiéndome los labios casi hasta hacerlos sangrar, y deje que mi cuerpo abandonado cayera sobre el tuyo con el único fin de disfrutar las ultimas oleadas de placer pegada a ti, sin darme cuenta de que tus brazos se habían extendido frente a mi y pararon mi caída apoyándose sobre mis hombros. Entonces te mire… tu mirada ya no era vacía, ahora estaba llena de dureza. Sin mediar palabra te giraste conmigo aún encima de ti, haciendo que cayera sobre mi costado. Te pusiste de rodillas, y colocando a cuatro patas, hundiste mi cabeza en la almohada, mientras mi trasero se te ofrecía voluptuoso.

A pesar de mi cabalgada, tú no habías perdido ni un ápice de tu erección. Fue entonces cuando me di cuenta de que no te habías vaciado en mí y de pronto fui consciente de lo que iba a suceder.

Con la cara sobre la almohada, y expuesta a tus deseos comencé a sentir un tremendo desasosiego. Nunca antes había visto esa seriedad en tu rostro, esa dureza. Una mezcla de sensaciones me atenazaba el estomago, me gustaba pero a la vez sentía miedo…..

Note como, de una fuerte embestida toda tu polla entraba sin ningún miramiento en mi, a la vez que uno de tus dedos se dirigía a mi ano y comenzaba a masajearlo. Intente protestar pero tu mano atenazaba con fuerza mi cabeza sobre la almohada, impidiendo cualquier movimiento.

Si la primera embestida fue fuerte, las que le siguieron fueron mucho mas, sin embargo el dolor no lograba disminuir mi placer y comencé de nuevo a abandonarme a esas sensaciones, hasta que de pronto paraste, y del mismo modo que me habías penetrado anteriormente, volviste a hacerlo, pero esta vez en mi ano, sin delicadeza, de un golpe seco note como entraba toda ella en mi, y una punzada de dolor me hizo gritar. Las lagrimas resbalaban por mis mejillas, pero tu continuabas implacable el camino que esta vez te iba a llevar al éxtasis a ti. Sentía dolor, pero no quería que pararas, y no lo hiciste, hasta que note como chorros caliente me inundaban por dentro y tus penetraciones eran cada vez mas leves y distanciadas, hasta que de un ultimo empujón, te vaciaste por completo en mi y te saliste.

Con un ligero empujón en mi cadera me hiciste caer de lado sobre la cama. Te recostaste junto a mi, y besando los surcos que mis lagrimas habían dejado, me susurraste tiernamente…. “Mi princesa”. Me abrace a ti con desesperación y hundí mi cara entre tu pecho mientras tu mano acariciaba dulcemente mi pelo. Hubiera podido morir allí mismo, en ese mismo instante, entre tus brazos…..

lunes, 5 de mayo de 2008


LA CENA (Parte I)

Escrito por Sayyid........

Aquella era un anoche especial. Le mandé las instrucciones le noche anterior, vía email. Eran órdenes sencillas, pero muy claras. Me gusta que tenga claro lo que me gusta.

Debía llevar un vestido negro ceñido que se adapta como una segunda piel a su cuerpo, marcando sus insinuantes caderas, su culo arrogante y sus generosos pechos. Pechos que deberían insinuarse abiertamente con un generoso escote. Me gusta, cuando saco a pasear a mi esclava, que los hombres la miren con deseo, y que las mujeres la miren con odio… con ese odio que despierta el saber que nunca van a sentirse tan deseadas como ella.
Por supuesto no debería llevar ropa interior. La ropa interior siempre es un obstáculo para mis deseos, y detesto tener que insinuar siquiera que ha de quitársela. Además, me gusta ver como crecen sus nervios al saber que si se excita en exceso, sus propios jugos podrían jugarle una mala pasada a la hora de levantarse de la silla. Hay manchas que dicen más que libros llenos de palabras.

Completarían su atuendo unas medias negras de seda, sujetas al muslo por un insinuante liguero negro, capaz de hacer las delicias del más exigente voyeur, y unos zapatos negros, sencillos, pero con un buen tacón que realzara sus piernas y la suave curva de sus glúteos, haciendo aun mas insinuantes las curvas de sus caderas.

El pelo, esta noche, debía ir recogido en un moño. Su larga mata de pelo liso, largo, negro como el azabache. Me encanta el aroma de su pelo. Insistí en que no se sobrepasara con el maquillaje.

Como ya os he dicho, me gusta exhibir a mi esclava, pero no quiero que la confundan con una puta barata. Deseo que vean en ella a la mujer que todos desearían tener, pero a la vez, que sepan claramente que es solo mía y que ninguno podrá poseerla, por mucho dinero que tengan en el banco.

Y finalmente, y si acaso lo más importante de su atuendo… su collar de esclava. Un collar fino, elegante, insinuante. No de esos collares que gustan lucir algunos Amos, grandes, llenos de argollas,,, no. Un collar solo para ella, para que ella se sienta esclava, no para que lo sepan los demás.

A la hora convenida me acerque a su casa y llamé a la puerta. Ella me recibió sumisa, con la cabeza baja, mirando al suelo, dejándome observarla lentamente, deleitándome con su cuerpo, sus curvas, su suave piel, y permitiéndome comprobar que había cumplido todos y cada uno de mis encargos.

Después de revisarla detenidamente, le di mi visto bueno. “Perfecta”, le dije, y salí caminado hacia el coche, seguido, unos paso más atrás, por mi sierva.

De camino al restaurante pude comprobar que también había cumplido mis órdenes en cuanto a su ropa interior y a tener bien depilado su sexo. Lo acaricié suavemente, mientras conducía, notando como su humedad se incrementaba rápidamente, al tiempo que un agradable rubor se instalaba en sus mejillas. No necesite hacer apenas ninguna presión para poder acceder suavemente al interior de su húmeda y calida cueva, y me entretuve unos minutos acariciándola, provocándola, excitándola, sabedor, al igual que ella, que tenía prohibido correrse sin mi permiso.

Minutos después llegamos al restaurante. Era un buen restaurante, alejado del bullicio del centro de la ciudad, no demasiado concurrido, pero de una elegancia exquisita. El maître nos acompaño a una mesa que yo había elegido días antes, por encontrarse en el rincón más intimo de la sala. Cuando llegamos el restaurante ya estaba prácticamente completo, y puede disfrutar, una vez más, de las miradas lascivas de los hombres sentados en aquellas mesas, y, agradablemente para mi, también de las de algunas de las mujeres que les acompañaban.

Con toda seguridad, ninguno de aquellos pobres incautos tenía conocimiento de lo zorras que podrían llegar a ser las mujeres que los acompañaban si se molestasen minimamente en averiguarlo. Pero esa noche se conformarían con ver a mi esclava pasar por delante de sus mesas y, quizás, mas tarde, echar un mal polvo con sus acompañantes, imaginándose que era a ella a la que se follaban.

Cenamos tranquilamente, bajo la atenta mirada de nuestros vecinos. Una cena deliciosa, un buen vino para alegrarnos el corazón, y la mas agradable de las compañías.

Una vez terminada la cena, y antes de que nos trajeran los postres, saqué de el bolsillo de mi americana un teléfono móvil, dejándolo en la mesa, al lado de mi esclava.

Inmediatamente noté como su pulso se aceleraba, como las aletas de su nariz se distendían, y como el rubor subía a sus mejillas y sus pupilas se dilataban. Ella sabia que allí, sobre la mesa, estaba la causa de esa cena, el motivo de todo lo que había pasado antes.

Me demoré unos minutos en darle las instrucciones pertinentes, disfrutando ese momento de ternura, deseo, excitación y sumisión por parte de mi esclava. Alargué la espera, sabiendo que eso no hacía más que aumentar su inquietud, su nerviosismo, su expectación…. Una vez tomados los postres, y a la espera de los cafés, le dije:

- Vas a hacer lo siguiente. Cojeras este móvil,,, irás al baño de señoras…te encerrarás en el baño mas próximo a la puerta, y allí esperaras mis instrucciones

.
Sin mediar palabra, bajando la vista, tomó el móvil en sus manos y se dirigió al baño de señoras, tras cuya puerta la vi desaparecer.

Esperé unos minutos mientras me tomaba el café y me traían una copa de coñac, y después, la llamé al móvil que yo mismo le había entregado minutos antes. Inmediatamente ella descolgó, pero no dijo nada, simplemente se limitó a esperar mis ordenes.

- ¿ya estas en el baño?
- Si, Mi Señor
- ¿En la excusado que te he indicado?
- Si, mi Amo
- Bien, a partir de ahora quiero que solo contestes con un “si” a medida que vayas cumpliendo las ordenes que yo te vaya dando, ¿lo has entendido?
- Si
- Bien. Quiero que ahora te levantes el vestido, abras bien tus piernas y comiences a acariciarte tu sexo para mi. ¿lo estas haciendo?
- Si
- Acaricia tu sexo con la yema de los dedos, lentamente, hasta que comiences a sentirte húmeda, mojada, excitada…….
- ¿Estas ya mojada, mi perra?
- Si
- Bien, ahora introduce tu dedo corazón en tu coño y súbelo, suavemente, hasta tu clítoris. Quiero oír como gimes.
- Si
- ¿lo estas haciendo?
- Si
- Muévelos bien, perra, por que ahora voy a ir yo la baño de caballeros y me sentaré al otro lado de la pared donde tu estas… apagaré mi móvil, y quiero oír como te corres para mi, ¿lo has entendido?
- Si

Mientras escuchaba sus, cada vez mas intensos gemidos, me acerque al baño, observando como la suerte se ponía de mi parte, al ver que una señora, ya medianamente entrada en años, muy seria y muy digna, entraba a la vez en el baño de señoras. Entré yo en le de caballeros, me acomodé en la taza del excusado más próximo a la puerta y, dirigiéndome a mi esclava a través del móvil, le dije:

- Bien, ya estoy a tu lado. Ahora apaga el móvil. Quiero oír como te corres, como una perra en celo. Si lo haces bien y me satisfaces, esta noche tendrás tu premio.

No tarde mucho en escuchar los cada vez más intensos jadeos de mi sierva al otro lado de la pared. Jadeos que iban aumentado de tono hasta convertirse en auténticos aullidos de placer, hasta que… alcanzando el climax, solo se escuchaba su agitada y descompensada respiración.

Una vez obtenido lo que quería, salí el baño, cruzándome en el camino con la sofocada mujer que había entrado en le baño de señoras cuando yo entraba en el de caballeros. Me miró con unos ojos que reflejaban entre espanto, excitación y reproche, pero no rehusé su mirada y, sin decirme nada, se fue a su mesa a contárselo todo a su marido, cosa que, evidentemente y por como me miraban todos, no era necesario, ya que habían oído perfectamente los gritos de mi esclava, tal y como yo deseaba que así ocurriera.
Ya sentado en mi mesa, terminándome el coñac, llamé de nuevo a mi sierva y le dije:

- Muy bien, mi perra, lo has hecho muy bien. Ahora recomponte un poco la ropa y sal del baño como si nada hubiera pasado. Te espero en la mesa.

Instantes después, mi esclava avanzaba hacia nuestra mesa, ante la atenta mirada y los cuchicheos de todos los presentes.

Pagué la cuenta. Dejé una buena propina, y salimos a la calle. Subimos la coche y besando suavemente a mi esclava mientras la acariciaba por encima de la ropa, le dije.

- Me has hecho muy feliz. Te has ganado tu recompensa.

LA CENA (Parte II)

Mi Amo me había dicho que esta noche cenaríamos en un lujoso restaurante. Sus instrucciones habían sido claras y precisas. Vestido negro ceñido y con un generoso escote a pico, medias negras también hasta el muslo, nada de ropa interior, pelo recogido en un moño italiano, zapatos negros de tacón alto y el collar, Su collar. “Maquillate de forma natural” me había dicho “no quiero que parezcas una puta, solo quiero que seas mi Mi puta”

Aproveche la tarde para prepararme. Me depile cuidadosamente, para estar como a él le gustaba, me di un relajante baño y un par de horas antes de la cita, comencé a arreglarme sin prisa, disfrutando de ello y sintiéndome excitada sabiendo que estaba cumpliendo sus ordenes.

Me maquille según sus indicaciones, un tono natural para el rostros, los parpados en un suave beige, un toque de rimel y los labios en un marrón claro, nada de colorete, me dije, quizás sea demasiado llamativo.

Elegí para la ocasión un vestido negro, un tanto ceñido, sin mangas, con un generoso escote a pico, como El me había indicado, un corte bajo el pecho y falda a capa justo por debajo de la rodilla, de un tejido vaporoso y muy favorecedor. Las medias de seda negra, con una ancha liga de encaje. Me gustaba el tacto de las medias sobre mi piernas era tan……….. sexy. Los zapatos eran unos sencillos pero elegantes zapatos de salón negros, con un tacón mas que generoso. Complete el atuendo con Su collar, y sentí una enorme satisfacción al ceñírmele al cuello.

Aproximadamente media hora antes yo ya estaba dispuesta. No quería hacer esperar a mi Señor. A la hora convenida unos golpes en la puerta anunciaron su llegada. Abrí, pasó y me escruto detenidamente con su mirada. Esperé ansiosa su veredicto. “Perfecta” me dijo y sonriendo, salí seguida por El.

El restaurante era de un gusto exquisito, jamás había estado en un lugar como aquel. A pesar de estar lleno de gente apenas se oía el murmullo de las palabras y el sonido de los cubiertos en los platos.

El maitre nos condujo a mi Señor y a mi a una mesa algo apartada del resto y nos entrego la carta. Mi Señor decidió mi cena, una cena exquisita, por supuesto, que yo saboree en cada bocado. Un poco antes de los postres, mi Amo deposito sobre la mesa un teléfono móvil que me entrego. Sabia que aquello era el comienzo de una orden, de un deseo por su parte, asi que le mire esperando su explicación.

- Quiero que vayas al baño de señoras, te cierres en un baño y te masturbes para mí – me dijo

Solo oír sus palabras hicieron que empezara a excitarme, aunque no entendía para que necesitaba el móvil.

-. Lo que vas a hacer es lo siguiente: Cuando llegues al baño vas a llamarme por teléfono, yo te daré indicaciones de lo que tienes que hacer y como. En un momento determinado yo iré al baño de caballeros que esta contiguo al de señoras, apagaras el móvil y quiero oírte gemir. Quiero oír como te corres desde el baño de caballeros.

Sus palabras hicieron que me sonrojara. Me iba a escuchar El y todo el restaurante, pero yo solo podía obedecer, así que cogí el móvil, me levante de mi silla y me dirigí al baño de señoras. Me cerré, como el me habia indicado en un la primera cabina y le llame.

- ¿Ya estas? –
- Si mi Señor – conteste
- Bien, quiero que te sientes en la taza, con el vestido levantado y las piernas bien abiertas. Solo quiero que me contestes con un si, cuando vayas cumpliendo mis indicaciones ¿entendido? -
- Si, mi Señor –
- Hazlo – me respondió
- Si -
- Ahora comienza a acariciarte el sexo, con la yema de los dedos, suavemente hasta que vayas sintiéndote húmeda
- Si

Durante unos minutos deje de oir Su voz, me estaba dando tiempo a que me excitara, aunque debo reconocer que seguir sus indicaciones y oir su voz ya eran motivo suficiente para ello

- ¿Estas mojada, mi perra?
- Si –
- Muy bien, así me gusta. Ahora introduce un dedo en tu coño empapado, el dedo corazón, y súbele después hasta tu clítoris y acaríciate, dejándome oír como gimes –
- Si –

Seguí sus instrucciones al pie de la letra y comencé a gemir a través del teléfono.

- Muy bien, mi puta, parece que te gusta. Ahora deja esas caricias y mete dos dedos en tu coño.
- Si –
- Muévelos bien, quiero que te corras pronto.

Cumpliendo sus deseos comencé a mover los dedos en mi interior, jadeando cada vez mas fuerte y mas deprisa. Sentí que alguien entraba en el baño y por un momento intente ahogar mis gemidos, pero la voz de mi Amo me lo impidió

- No dejes de jadear bajo ningún concepto, perra -
- Si – fue toda mi contestación

Continué como el me ordenaba, al borde del orgasmo ya.

- Muy bien, ahora apaga el móvil, estoy en el otro lado. Quiero oír como te corres, si lo haces bien, esta noche obtendrás un buen premio.

Comencé a mover mis dedos más deprisa aún, entrando y saliendo, gimiendo y gritando como una loca. No sabía si El me escuchaba o no, pero yo debía esforzarme. Sentí voces fuera, en el lavabo, pero eso no debía importarme, solo debía importarme mi Amo. Empecé a notar como me corría, como mi humedad resbalaba por mi mano, y aumente los gritos para satisfacción de mi Señor, que esperaba me estuviera oyendo al otro lado. Me corrí y me quede extasiada, sentada en la taza, con las piernas abiertas, como El me había mandado. Sonó el móvil y conteste.

- Muy bien, mi perra, lo has hecho muy bien. Ahora recomponte un poco y sal del baño como si nada hubiera pasado. Te espero en la mesa.

Hice lo que me mandó, y caminando con gesto orgulloso y contenta de haber satisfecho a mi Señor, me encamine a la mesa donde El me esperaba.

miércoles, 23 de abril de 2008

MI AMO


Un ligero aliento sobre mi cuerpo me hace salir de mi placentero sueño……… abro los ojos pero no veo nada, tan solo la tela que me los cubre y que deja traspasar a duras penas algunos haces de luz…… Intento quitármela, pero mis manos están atadas a la cama. Muevo las piernas y estas también lo están. Mi respiración se agita, en mi cuerpo se mezclan sensaciones a medio camino entre el miedo y el placer………… Noto de nuevo el aliento en mi piel. Me quedo quieta, Intento adivinar que pasa, pero no me atrevo a hablar, a preguntar. Permanezco a la expectativa, agudizando los sentidos que quedan a mi disposición. Escucho una respiración pausada a mi lado, un ligero movimiento y de pronto el tacto de algo muy frio sobre mi piel, entre mis pechos. Lleno los pulmones de aire y esto hace que mis pechos se eleven encontrándose con el tacto húmedo de una lengua…………. Es mi Amo……….. Reconocería su tacto entre mil, sus caricias entre un millón. Sonrío, relajada y feliz………….. Excitada, notando como mi sexo se humedece……… Susurro: Mi Amo……….. y dejo caer el final de las palabras en una suave cadencia casi ahogada por un gemido de placer. De pronto percibo la desnudez de mi cuerpo, inmovilizado por mi Amo y dispuesto para él, entregándosele. Como buena sumisa estoy a su entera disposición, disfrutando con ello. Me excita complacer a mi Amo, someterme a su voluntad. Sus sabias manos recorren mi cuerpo, acariciándolo, haciendo que se me erice la piel y que mi excitación aumente. Siento sus besos en mis pechos, sus labios en mis pezones y la reacción de estos en la boca de mi Amo. Noto una mano avanzando sin pudor entre mis piernas, un dedo sin vergüenza que se cuela en mi interior. De mi garganta brotan gemidos, ronroneos de placer. El dedo indaga dulcemente en mi interior, empapándose en mis fluidos. El mismo dedo que se me ofrece en la boca. Disfruto con su sabor, con el sabor que mi Amo me ofrece………… mi sabor. Puedo intuir la excitación de mi Amo. No puedo verla, no puedo tocarla y eso me desespera, pero puedo intuirla. Mi Amo lo ha querido así……… yo solo obedezco complaciente.
Noto el peso de su cuerpo sobre el mío………. Imagino lo que va a pasar. Mi Amo ha decidido que es hora de que cobre mi recompensa. Comienzo a notar la polla de mi Amo en mi interior, deslizándose segura en mi empapado coñito. Noto su respiración muy cerca de mi oído, sus jadeos, sus mordiscos en mi oreja. Deseo tocarle, acaríciale, apretar mis piernas en torno a él………… pero no puedo, estoy inmovilizada. Y mientras, siento sus embestidas dentro de mí, haciéndome gozar. Nuestros jadeos aumentan el ritmo y se acompasan. Mi Amo me va a conducir al séptimo cielo. Noto como se derrama dentro de mi, como su cuerpo se estremece sobre el mío. No tengo el permiso de mi Amo para correrme………… aguanto, aprieto los dientes con fuerza, hasta que la voz de mi Amo susurra en mi oído: “Adelante mi sumisa, córrete y disfruta………………….”

EL BAÑO



Baje al baño de la planta baja, casi sótano, a fumarme un cigarro. Me sentía como en mi adolescencia, cuando me escondía en los baños del instituto a fumar. Ahora lo hacia en los del trabajo.

Descendí por las escaleras recordando la conversación que acabábamos de tener. Entre en el baño, traspase una de las puertas y cerrando con el cerrojo, apoye la espalda contra la pared y encendí el cigarro. Exhale tranquilamente el humo y lo deje escapar entre mis labios siguiéndolo con la mirada, mientras volvía a recordar lo que acabábamos de hablar. No había sido una gran conversación, la verdad, pero había sido contigo y eso me excitaba sobre manera. Todo lo que tenia que ver contigo hacia que mi cuerpo vibrara de una manera desconocida hasta entonces para mi. Recordaba algunas de tus frases y mientras sonreía, notaba los escalofríos recorriendo mi espalda.

Metí la mano por mi pantalón y la colé entre mi braga tocando mi sexo. ¡¡Uf!! Estaba empapada. Como a ti te gusta, pensé, y eso me excito aún más. La saque y ayudada por la otra mano que aun sostenía el cigarro, desabroche el botón del pantalón y baje la cremallera, para dejar mas libertad a mis movimientos. La introduje de nuevo, hasta mi sexo, hecho agua solo con tu recuerdo. Metí apenas las yemas de los dedos índice y corazón en mi coño y cogí parte de su humedad para subirla a mi clítoris y comencé a acariciarle suavemente, como a ti te gustaba, como tu me lo habías ordenado hacer muchas veces. Tire el cigarro, ahora se había convertido en algo secundario, y me dedique a concentrarme en las sensaciones que aquellas caricias me producían.

¡¡Dios!! ¡¡Como te echaba de menos en esos momentos!! Como echaba de menos tu voz ordenándome lo que debía hacer, tus ojos escrutando atentamente cada uno de mis movimientos, tu respiración agitada junto a la mía, tu presencia para sentirme y obedecerte.

Abandone las caricias de mi clítoris, intentando retrasar un poco el orgasmo y me introduje dos dedos en el coño. Eso me hizo sentir llena, pero no tan llena como si hubiera sido tu polla, esa que ahora pensaba y deseaba como una niña caprichosa desea su juguete, su premio. Esa que tanto hacia que la deseara y que solo me dejabas disfrutar cuando considerabas que lo merecía. Cada vez mas mojada y caliente, mis dedos entraban y salían de mi coño intentando imitar las embestidas secas y rápidas con que tu polla me deleitaba a veces. El orgasmo estaba a punto de llegar. Ahogue como pude los gemidos y acelere el ritmo de mi mano mientras con la otra empecé a acariciarme el clítoris. Apreté los dientes y con tu imagen en mi cabeza me corrí. Apoye la cabeza en la pared y respire hondo cerrando los ojos e intentando relajar poco a poco la respiración. Me coloque la ropa, baja la tapa de la taza, me senté sobre ella y encendí otro cigarro.

Otra vez como en mi adolescencia, escondida en el baño para fumar, solo que por aquella época mi Señor no me acompañaba en mis placeres.

domingo, 23 de marzo de 2008

EL AMOR




El amor es caprichoso y variable. Su destino no esta escrito. Solo sabemos que nos atrapa en sus redes fácilmente y luego nos resulta muy difícil salir de ellas. Le necesitamos tanto como le repudiamos, le buscamos tanto como le negamos. Si no le tenemos, le añoramos, si le tenemos, nos agobia. Nunca sabemos realmente si esta de más o nos sobra.

El amor se encarna en personas, en rostros, manos, labios y sonrisas, en una piel suave que nos hace soñar o en una mirada que nos consuela. Se encarna en besos, abrazos y caricias. En los sueños, en los amaneceres, en los crepúsculos………………

El amor nos motiva, nos guía, nos alegra, nos hace llorar y reír, sufrir y soñar, volar y aterrizar. Nos envuelve en su manto y nos acuna dándonos dicha. Crece en nosotros. Vive en nosotros y muere en nosotros.

Hay amores calidos, amores rabiosos, amores imposibles. Amores en cada puerto y amores que se anclan. Amores jóvenes y maduros, serenos y tormentosos. Amores ricos y usureros. Amores infinitos y amores que se marchitan………….. Hay amores…………. Siempre hay amores…………..

Y no hay nada comparable al amor. Nada nos hace tan felices ni nada nos hace sufrir tanto. Nada nos da tantas alas ni nada nos pega tanto a la tierra. Nada mueve nuestro mundo tan rápido como el amor. Por amor cantamos, reímos, soñamos, lloramos, gritamos, nos desesperamos………….. Por amor…………… hasta matamos.

Lo disfrutamos tan intensamente cuando lo tenemos y nos desagarra tanto cuando se va, que en esos momentos uno piensa si ha merecido la pena. Si ha servido de algo.

El amor hace que nos levantemos por la mañana con la mirada brillante y la sonrisa en la boca. Que nos parezca maravilloso mojarnos bajo la lluvia. Que los atascos se conviertan en la excusa para pensar en la otra persona o mandarle un mensaje. Que bailemos en el parque. Que nos colguemos de la luna. Que nos columpiemos en una estrella.

Y cuando el amor se va. Cuando el desamor o el vacío se instalan en el alma. Cuando caminamos con la cabeza baja y arrastramos los pies por el peso de la tristeza. Cuando buscamos entre la multitud y no encontramos. Cuando todo nos hace recordar con una profunda pena…….. en ese momento nos preguntamos si ha merecido la pena.

¿Ha merecido la pena ser feliz durante ese tiempo? ¿Ha merecido la pena compartir lo que mas nos gusta? ¿Ha merecido la pena tejer los recuerdos de una parte de nuestra vida? ¿Ha merecido la pena olvidarse de todo cuando estábamos junto a esa persona? ¿Ha merecido la pena tener algo que nos haga sonreír cuando se nos pase por la cabeza?

Ha merecido la pena………… seguro que todo eso ha merecido la pena. Mañana, cuando nos levantemos, recordaremos todos los momentos vividos por esa persona o junto a ella. Se nos habrán olvidado el dolor y el sufrimiento del desamor. Tendremos una cicatriz en el corazón y habremos tejido un poco más el tapiz de nuestra historia, de nuestra vida. Pero habrá merecido la pena. Por que un solo instante de felicidad merece la pena.

El tiempo hará que sanen las heridas, y entonces comprobaremos que ese sufrimiento que ahora sentimos no es un precio tan alto a cambio de todo lo bonito que pudimos vivir.

Y volveremos a amar y volveremos a reír y a soñar y a desear, y esperaremos, una vez mas, que esa dulzura no se pase nunca.

LAURA Y YO


Dedicado con todo mi cariño a Habana, Ana36, Lomaslejos y Luna37, todas ellas Chicas Divinas..........

Hacia rato que la fiesta había terminado. Todos se habían marchado excepto nosotros cuatro, que apurábamos nuestras copas sentados en los sillones, sin hablar, sabiendo que en cuanto se vaciaran tendríamos que ponernos a recoger. Adolfo y Jaime estaban, mas que sentados, desparramados sobre el sofá, y Laura y yo ocupábamos un sillón cada una, a ambos lados del sofá. Recline mi cabeza sobre el respaldo y cerré los ojos. Suspire profundamente.

- No te duermas - Me dijo Laura

- No, solo estaba pensando en algo - conteste –

Y abrí los ojos encontrándome directamente con la mirada de Laura, que en esos momentos me pareció preciosa, a la vez que note como un escalofrió recorría su espalda, le sonreí, cómplice, mientras ambas mirábamos a los dos chicos tirados en el sofá. No hizo falta más.

Deje el vaso en el suelo y me levante del sillón a la vez que ella, caminando en su dirección, contoneando las caderas y observando despacio su precioso cuerpo. Mi mirada se clavaba en él con pasión a medida que íbamos avanzando, un paso más y estaríamos pegadas una al cuerpo de la otra.

Jaime y Adolfo reaccionaron incorporándose en el sofá, mientras miraban alucinados la escena

Laura y yo nos tomamos de las manos y comenzamos a besarnos dulcemente. Pequeños roces en los labios con las bocas entreabiertas. Mi boca buscaba ansiosa la suya, mi lengua deseaba enredarse en su lengua y pegándonos un poco más nos fundimos en un beso profundo y lento

Ella sujeto mi cintura y note nuestros pechos rozándose ligeramente a través de la tela de nuestra ropa. Rodee su espalda con mis manos y comencé a desabrocharle la cremallera del vestido. Mis manos se encaminaron desde su cintura hasta los botones de su camisa. Los abrí uno por uno, al mismo ritmo que ella bajaba la cremallera. Abrí su blusa y contemple sus pechos aprisionados por el suave sujetador de encaje que llevaba. No pude resistir la tentación de besar la suave carne que sobresalía de ellos y se mostraba ante mi turgente y lujuriosa. Al notar como mi lengua recorría el comienzo de sus senos, termino de bajarme la cremallera del vestido, aparto los tirantes dejándolos resbalar sobre los hombros y el vestido cayó al suelo dejando al descubierto mi blanco y sedoso cuerpo

Alfonso y Jaime miraban cada vez con más asombro la escena sin peder detalle, mientras sendos bultos por debajo de la tela delataban su estado de excitación. Jaime ya comenzaba a acariciarse por encima del pantalón.

Subí la boca desde el pecho hasta el cuello y comencé a quitarle la camisa, quería disfrutar del fascinante espectáculo de su cuerpo en todo su esplendor. Lleve las manos a su cadera y comencé a subirle la falda, despacio, mientras la giraba para que quedara de espaldas a nuestros espectadores. Poco a poco sus piernas quedaron libres a su visión, los muslos, el pliegue de su final, el comienzo de esas sensuales nalgas, que no cubría el fino tanga negro……..

Me miró picaronamente y sonriendo echó un poco las caderas hacia atrás, sabedora del espectáculo que su culo estaba dando a aquellos dos improvisados mirones, que habían bajado ya las cremalleras de sus pantalones y se acariciaban impúdicamente por debajo de la ropa.

La acaricie la espalda, desde la cintura hasta el cuello “Mmmmmmm tienes una piel tan suave……” susurre en su oído y comencé a desabrocharle el sujetador liberando sus senos de él y empezando a acariciarlos

Laura notaba mis manos en sus pechos y las miradas de Adolfo y Jaime clavadas en su trasero. Desabrocho su falda y la dejo caer al suelo, ofreciéndoles así una mejor visión de todo su cuerpo, tan solo cubierto ya por el escaso tanga. Rodeo mi cuerpo con sus manos y me desabrocho el sujetador. Volvimos a movernos, quedándonos de nuevo de perfil, frente a nuestros chicos, que masajeaban cada vez con mas fervor sus respectivos sexos. Sentí sus manos en mis pechos y un deseo enorme de volver a besarla, de devorarla. Baje mi boca……. Atrape sus pezones con ella y comencé a jugar con ellos, primero uno, después otro, hasta notar como se iban endureciendo entre mis labios

Mmmmmmmmm Ella comenzó a gemir mientras acariciaba mi suave pelo, notando las caricias de mi lengua en sus pechos y sintiendo la excitación cada vez mas fuerte adueñándose de nuestros cuerpos. Ahora era Laura la que necesitaba devorarme, sujeto mis cabellos y aparto mi cara de su pecho, levantándola para besarme mientras nuestros cuerpos se pegaban y nuestros senos se rozaban impúdicamente. Al unísono, comenzamos a quitarnos los tangas, sin dejar de besarnos. Nuestras piernas se movían, permitiendo a las breves prendas descender hasta el suelo.

Sacamos los pies de los tangas y empezamos a acariciarnos ya sin pudor, solo con deseo. El alcohol había cegado nuestras mentes, ahora ya solo imperaban los mandatos del placer. Mi mano se coló entre sus piernas, acariciando su sexo húmedo y jugoso. Mis besos ahogaban sus gemidos.

Con mi mano entre sus piernas, comenzó a girarme hasta dejarme de espaldas a Adolfo y Jaime. Ahora era yo la que les ofrecia mi culito en todo su esplendor, separando un poco las piernas y sacando la cadera hacia atrás. Me volví, quedándome de frente a ellos, mientras Laura muy pegada a mi, clavándome los pezones en la espalda, empezó a acariciarme los pechos para ir bajando con una mano poco a poco hasta mi sexo, hasta notar mi estremecimiento al notar un dedo acariciando mi clitoris

Adolfo y Jaime se habían desnudado por completo y no dejaban de mirarnos desde el sofá con su sexo entre las manos. Eche mi mano hacia atrás y la colé entre nuestros cuerpos, haciendo lo mismo que ella me estaba haciendo a mi, acompasando mis movimientos con los suyos.

- Nenas, queremos veros bien - dijo entre jadeos Jaime

Nos separamos y nos tumbamos en el suelo, de costado, abriendo bien las piernas, dejando nuestros sexos expuestos a sus miradas. Colé mi mano al mismo tiempo que ella la suya y reanudamos nuestras caricias mas intimas. Ambas estábamos empapadas. Introduje un dedo en su coñito, que comencé a mover, primero despacio, para ir aumentando poco a poco el ritmo. Imitó mis movimientos, ajustando el ritmo de su mano a la mía. Nuestros jadeos se confundían con los de los chicos. Gire la cabeza y pude verlos, excitados al máximo, a punto de correrse.

“Otro más” la susurre, y ambas introdujimos un dedo mas en la otra. Un gato enloquecido arañaba mi vientre, mientras nuestras bocas se buscaban ansiosas y nuestros cuerpos se retorcían sobre el suelo. Las manos cada vez más rápidas hacían que oleadas de placer subieran desde mi sexo para estallar en mi pecho. Notaba los escalofríos del orgasmo recorriendo toda mi espalda, mi cuerpo se tensaba por momentos mientras sus dedos hacían sabiamente su trabajo entre mis piernas. Separamos nuestras bocas y comenzamos a respirar cada vez con más agitación, a gemir cada vez más alto. “Mmmmmmmmm siiiiiiiiiiiiiii” ahogue entre suspiros notando como me corría entre sus manos y como sus jugos se derramaban en las mías. Unos últimos empujones fuertes de nuestros dedos y el orgasmo se termino de desencadenar en nosotras.

Aún notando las últimas sacudidas del orgasmo, liberamos nuestros sexos y nos dejamos caer de espaldas sobre el suelo, con la respiración todavía agitada. Cerramos los ojos, en un intento de saborear aquel instante.

Tras descansar unos momentos, me incorpore para dar un dulce beso a Laura, que permanecía tendida en el suelo con los ojos cerrados. Me leante y mire a Adolfo y a Jaime, que seguían en el sofá, mirándonos, desnudos, sin saber muy bien si lo que acababan de ver y sentir era real o un efecto del alcohol consumido durante la fiesta. Me puse de pie, cogí mi vestido, y poniéndomelo dije: “Deberíamos recoger todo esto antes de que se haga más tarde”.