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martes, 9 de julio de 2013

FELIZ ¿DE VUELTA?




Dos años, demasiado tiempo, o quizas demasiado poco, lo que está claro es que ha sido el tiempo que he necesitado para volver a escribir en el blog ¿Porque vuelvo hoy? 9 de julio, no es ninguna fecha especial, ni señalada, ni marcada, quizas a partir de hoy lo sea, quien sabe. Pero hoy tenia la necesidad de volver, de escribir aunque fuera a borbotones y de manera desordenada, de defender la soledad en la que ya no vivo. Se me escapa la vida por los poros de la piel, la sonrisa, la felicidad......... y no me importa que se me vaya porque se que dentro queda aun mucha más, porque toda la que doy la recibo multiplicada por mil y es en este estado de gracia en el que hoy regreso. No tengo claro que linea seguira el blog, pero es que hay tantas cosas que aún no tengo claras que una mas ¡¡que importa!! lo mas importante, sin embargo, si lo tengo más que claro.

Aunque parezca lo contrario, me he acordado de vosotros y hasta os he echado de menos. Me gustaria mucho saber que ha sido de vuestra vida, asi que espero que esta se pueda convertir en una via de comunicación con todos vosotros, en la que me conteis y contaros y en la que podamos alegrarnos por el regreso activo a nuestras vidas.

Quizas proximamente os de una sorpresa, quien sabe. Mientras tanto, sonreir y sed felices, muy muy felices ¿me lo prometeis?. Millones de besos


viernes, 10 de diciembre de 2010

VIVIR DESPEINADA

(Texto de Mafalda)
Hoy he aprendido que hay que dejar que la vida te despeine, por eso he decidido disfrutar la vida con mayor intensidad… El mundo está loco.. Definitivamente loco… Lo rico, engorda. Lo lindo sale caro. El sol que ilumina tu rostro arruga. Y lo realmente bueno de esta vida, despeina…
- Hacer el amor, despeina.
- Reírte a carcajadas, despeina.
- Viajar, volar, correr, meterte en el mar, despeina.
- Quitarte la ropa, despeina.
- Besar a la persona que amas, despeina.
- Jugar, despeina.
- Cantar hasta que te quedes sin aire, despeina.
- Bailar hasta que dudes si fue buena idea ponerte tacones altos esa noche, te deja el pelo irreconocible…
Así que como siempre cada vez que nos veamos yo voy a estar con el cabello despeinado…
Sin embargo, no tengas duda de que estaré pasando por el momento más feliz de mi vida. Es ley de vida: siempre va a estar más despeinada la mujer que elija ir en el primer carrito de la montaña rusa, que la que elija no subirse.
Puede ser que me sienta tentada a ser una mujer impecable, peinada y planchadita por dentro y por fuera. El aviso clasificado de este mundo exige buena presencia: Péinate, ponte, sácate, cómprate, corre, adelgaza, come sano, camina derechita, ponte seria…
Y quizá debería seguir las instrucciones pero ¿cuando me van a dar la orden de ser feliz? Acaso no se dan cuenta que para lucir linda, me debo de sentir linda… ¡La persona más linda que puedo ser!
Lo único que realmente importa es que al mirarme al espejo, vea a la mujer que debo ser.
Por eso mi recomendación a todas las mujeres:Entrégate, Come rico, Besa, Abraza, Haz el amor, Baila, Enamórate, Relájate, Viaja, Salta, Acuéstate tarde, Levántate temprano, Corre, Vuela, Canta, Ponte linda, Ponte cómoda, Admira el paisaje, Disfruta,y sobre todo, deja que la vida te despeine!!!!Lo peor que puede pasarte es que, sonriendo frente al espejo, te tengas que volver a peinar.
SUERTE Y QUE DISFRUTES...

viernes, 2 de enero de 2009

LA EXPOSICION



Habíamos quedado en que esa tarde iría a buscarte a la salida del trabajo para ir a ver una exposición de un artista que te gustaba especialmente. Tarde un poco en decidirme que ropa ponerme, y al final opte por unos vaqueros que me gustaban mucho porque quedaban ceñidos en el muslo y luego hacían campana a partir de la rodilla, una camiseta que me acababa de comprar gris, de manga larga, que dejaba un hombro al descubierto, las botas de tacón con estampado de leopardo y la cazadora marrón. Como aún quedaba tiempo decidí ir hasta tu oficina dando un paseo, así que un poco antes de que salieras llegue a la puerta y espere.

Saliste como siempre, alegre, y eso me hizo sonreír cuando vi que te aproximabas. Llegaste a mí y me saludaste con un beso en los labios que fue correspondido por mi parte, mientras con una mano me agarrabas por la cintura. Cogidos por la cintura fuimos hacia el coche. Antes de llegar me gire hacia ti y te bese, notando como el deseo comenzaba a apoderarse de mí. Una vez dentro del coche nos volvimos a besar, con pasión, buscando nuestras bocas desesperadamente. “Deberíamos irnos”, te digo y mientras te separas de mi, la mano que tenias en mi nuca acaricia mi cara, baja por mi cuello y roza sutilmente mis pechos.

Arrancas el coche y nos ponemos en marcha. Mi mano izquierda se introduce entre el asiento y tu espalda, saco un poco la camisa del pantalón y te acaricio metiendo mi fría mano debajo de tu camisa. Noto como al contacto un escalofrió te recorre la espina dorsal. Me acerco a tu oído y te susurro algo, no recuerdo qué, cualquier cosa para que despistadamente mi lengua roce tu oreja, y noto como tu mano se posa en mi rodilla. Muevo las piernas ligeramente, abriéndolas un poco para dejarte pasar hasta el muslo, pero no lo suficiente para que puedas seguir subiendo, acaricias mi pierna y yo te doy un beso en la comisura de los labios, dejando que mi pecho roce en tu brazo. La mano que tienes sobre mi pierna lucha por abrirse camino hacia arriba y ya no puedo oponer más resistencia.

Paramos en uno de los mil semáforos que nos encontramos en el camino, camino que se me esta haciendo interminable. Entonces tú te giras, sujetas mi cabeza y me besas en la boca a la vez que mi mano baja desde tu pecho hasta tu sexo y la tuya me desabrocha el pantalón. Lo que noto no me decepciona, al contrario, hace que mi deseo aumente más, y comienzo un suave masaje por encima del pantalón a la vez que lamo tus dedos, mientras tú buscas un hueco por el colocarte entre mis piernas.

Abro los ojos y veo como el conductor del coche de nuestro lado nos mira sorprendido. Sabe perfectamente lo que estamos haciendo, pero a ninguno de los dos nos importa y seguimos. Ahora tu mano esta entre mis piernas. Desabrocho tu cremallera y mi mano se cuela dentro, encontrando lo que desea. Comenzamos a acariciarnos íntimamente el uno el otro. Yo jugueteo con tu glande, tú introduces levemente un dedo. Nuestros gemidos se mezclan en el aire.

El claxon de varios coches nos advierte de que el semáforo se ha puesto en verde, sacándonos de nuestro gozo. Retomamos el camino con la respiración agitada y el deseo brillándonos en los ojos. Nos miramos y sonreímos. Permanecemos callados hasta llegar a la exposición. Antes de bajar del coche nos recomponemos la ropa y volvemos a besarnos. El calor de nuestros cuerpos empaña los cristales.
Bajamos del coche y caminamos hacia la entrada. Nos cruzamos con algunas personas. El deseo es tan grande que pienso que hasta los demás pueden notarlo.

La sala de exposiciones es grande. Los cuadros cuelgan de las paredes invitando al visitante a verlos, pero nosotros no tenemos ojos para ellos. Disimuladamente recorremos la sala, de cuadro en cuadro, buscando un rincón apartado que sea cómplice de nuestra pasión desatada. Tan solo hay un par de personas más y el vigilante de seguridad sentado en la entrada.

En un rincón, al fondo, hay una puerta, caminamos hacia ella. Compruebo despacio, para no hacer ruido, si esta abierta. Apenas giro el agarrador la puerta se abre dando paso a una pequeña sala vacía y casi oscura. Agarro tu mano y tiro de ti hacia dentro de la habitación. No hace falta explicar nada. Nada más entrar y cerrar la puerta me empujas contra la pared y sujetándome la cara con ambas manos me besas con pasión desatada. Correspondo a tus besos del mismo modo mientras me quito la cazadora. Tú te separas de mí y te quitas la tuya, para volver a pegarte a mi cuerpo con urgencia. Sabemos que no tenemos mucho tiempo. Pueden descubrirnos y eso hace más excitante aún la situación. Tan pegados como estamos noto tu sexo grande y caliente en mi vientre. Comienzas a acariciarme los pechos por encima del jersey, pero enseguida introduces tus manos debajo, liberándolos del sujetador y acariciando directamente mi piel. El contacto con tus manos hace que mi cuerpo grite. Te deseo tanto………. que ya no puedo controlar mis manos. Desabrocho tu pantalón y libero tu sexo de él. Tú desabrochas el mío y metes la mano. Nuestras manos se mueven al mismo ritmo. Con la que me queda libre te bajo el pantalón y el bóxer y luego la coloco en tu glúteo, apretándote contra mi. Sacas tu mano y me quitas el pantalón y la braguita. Al agacharte para hacerlo tus labios rozan ligeramente el comienzo de mi sexo. No puedo ahogar el gemido aun a sabiendas de que nos pueden descubrir. Te incorporas de nuevo, sin dejar de besarme me agarras por la cintura y me subes un poco, yo rodeo tu cintura con mis piernas. Noto tu sexo caliente cerca del mío. Me pegas más a la pared y con un movimiento rápido te introduces dentro de mí. Gemimos a la vez, casi susurrando. Tengo que morderme los labios para no gritar, y comienzas a moverte. Cada movimiento, cada embestida tuya es una ola de placer que va subiendo desde mi vientre hasta mi pecho. Me agarro a tus hombros con fuerza. Flexionas las rodillas y dejas que me resbale por la pared hasta que quedamos sentados. Ahora soy yo la que se mueve. Mis caderas se agitan sobre ti mientras te agarro el pelo y tú vuelves a acariciarme el pecho por debajo de la camiseta. Cabalgo sobre ti cada vez más deprisa. Me coges por la cintura para hacer más presión. Nos miramos a los ojos y solo vemos pasión. Yo no puedo ya más que zambullirme en el mar de tu mirada. Notamos como el momento de la explosión se aproxima y aceleramos la marcha en un galope infernal que nos llevara hacia el séptimo cielo. El placer es cada vez más grande y continuo. Nos besamos para ahogar nuestros gemidos. Y por fin estallamos, primero tu, luego yo.

Nos quedamos un momento abrazados notando aún las sensaciones del orgasmo y volvimos a besarnos.

Como podemos nos levantamos, nos vestimos y salimos de la sala intentando que nadie nos vea. Salimos de la exposición sin verla y en ya en la calle, abrazados, comenzamos a reírnos a carcajadas como dos colegiales que acaban de hacer una travesura.

martes, 16 de diciembre de 2008

EL REENCUENTRO



Hacia tiempo que no nos veíamos, años, bastantes años, y habíamos vuelto a coincidir de una manera casual no hacia tanto. Volvernos a encontrar después de los años supuso una agradable sorpresa para ambos. El tiempo había pasado y eso se notaba en nuestros rostros y también en nuestras almas.

- Quedemos un día – me dijo – y rememoremos el pasado. Brindemos por el. Nos lo merecemos.
- Puede ser – conteste recordando aquellos momentos que habíamos pasado juntos.

No puedo decir que esa etapa fuera la más feliz de mi vida, pero tampoco fue una de las más duras. Hubo de todo. Penas y alegrías, momentos de felicidad y de tristeza. Confianzas y traiciones. De todo.

Intercambiamos nuestros números de teléfono para seguir en contacto. Yo no estaba segura de querer volver a verle, pero tampoco lo estaba de no querer hacerlo. Deje que pasara el tiempo, sin tomar ninguna decisión al respecto. Al principio, los primeros días, miraba los números de su teléfono apuntados en un papel y no sabia que hacer. Después el tiempo volvió a pasar y yo olvide ese papel en el fondo de algún bolso y lo olvide a él como ya había hecho antes.

Transcurrieron un par de meses, tres quizás. El suave invierno dio paso a una primavera lluviosa y fría que no invitaba al disfrute propio de esa época del año. Una de esas tardes de lluvia yo estaba en casa, mirando por la ventana, con la mirada perdida y la mente volando hacia cualquier sitio que me hiciera escapar por unos momentos de mi vida. El sonido de la lluvia era tranquilizador.

La música del móvil me saco de mi estado de ensoñación. Lo descolgué sin mirar siquiera quien me llamaba.

- ¿Si? ¿Dígame? – conteste caminando de nuevo hacia la ventana.
- Hola – Una voz de hombre, profunda y dulce, me saludaba al otro lado
- Hola – Ya había identificado a mi interlocutor. Seguí mirando por la ventana
- ¿Estas ocupada?

Callé por unos instantes ¿estaba ocupada? Miraba como caía la lluvia, era una ocupación, pero él no se refería a eso

- No – dije al fin
- Pensé…. – dudo un momento – Pensé que tal vez te apetecería….. – volvió a dudar – bueno, que me gustaría que nos viéramos.
- Está bien – le dije - ¿te parece bien este fin de semana?
- Si – note su voz más relajada que antes - ¿vienes o prefieres que vaya?
- No, prefiero ir yo, así salgo de aquí –
- ¿Cuándo vienes entonces? - preguntó
- El viernes por la tarde ¿te parece bien? Podríamos quedar el sábado para comer si quieres – Mi cabeza había planificado todo eso en décimas de segundo
- ¿Para que esperar al sábado? Podemos quedar el viernes, yo salgo de trabajar a las cinco y media ¿te parece que quedemos a las seis o seis y media en algún lugar?
- Esta bien – respondí – Dime donde
- Hay un pub, es un sitio tranquilo, donde preparan unos cafés estupendos. ¿Sabes donde esta la Puerta de Zamora? –
- No – dije – pero dame la dirección y ya lo buscaré –

Anote la dirección del pub y nos despedimos quedando en encontrarnos ese mismo viernes.

Cuando salí de trabajar ese viernes pase por casa, comí, prepare una pequeña maleta con algunas cosas, no demasiadas, solo iba a estar dos días, me monte en el coche y me encamine a Salamanca. Recorrí el trayecto con tranquilidad, acompañada por la música que emergía del casete del coche, Salamanca estaba tan solo a una hora y poco de camino de mi ciudad.

Llegue y busqué la calle donde se encontraba el pub en el que habíamos quedado. No tuve mucha dificultad, me resulto más difícil encontrar aparcamiento, pero una vez conseguido, baje del coche y me encamine al lugar de encuentro.

Abrí la puerta y mire en el interior. Me quite las gafas de sol. Le vi al fondo del local, sentado en una mesa un poco apartada. Me hizo una seña y me dirigí hacia él. Se levanto y nos saludamos dándonos dos besos en las mejillas. Acerco una silla a su lado y me invito a sentarme. El camarero se acerco a nuestra mesa. Le pregunte que estaba tomando y pedí lo mismo, guiada por su recomendación, un capuccino. Nos miramos, nos sonreímos y comenzamos una charla intrascendente sobre mi viaje y el tiempo en lo que el camarero llegaba con mi café.

Notaba una sensación extraña, una mezcla de sentimientos, cada vez que le miraba. De repente, al verle, al notarle tan cerca, me había puesto nerviosa ¿por qué? Intente controlarlo, o al menos disimularlo, para evitar que él lo notase. Le miraba mientras hablaba. Miraba sus ojos, su boca, sus manos….. El camarero llegó con mi café. Me alivio tener algo en lo que centrar mi atención además de en él. Comencé a moverle con la cucharilla, lo tome entre las manos, lo acerqué a mi boca y bebí un pequeño sorbo para tantear su temperatura. Volví a dejar la taza sobre el plato a la vez que note uno de sus dedos en mi nariz. Lo mire sorprendida a tiempo de ver como se introducía el dedo en la boca y lo lamía.

- Se te había quedado un poco de crema en la nariz – me dijo taladrándome con su mirada

Note como un escalofrió recorría mi espalda. Montones de imágenes del pasado se agolparon en mi mente. Tal vez no hubiera cambiado tanto, a pesar de haber entrado en una madurez que lo hacia muy atractivo. Moví las manos encima de la mesa, distraídamente, provocando un roce fortuito con la suyas. Seguía mirándome, ahora sonreía divertido.

- Estas preciosa – dijo rompiendo el silencio – parece que no ha pasado el tiempo por ti. Estas igual que hace diez años.
- Hace diez años yo era demasiado joven e inexperta – respondí
- Hace diez años las cosas no habrían podido ser de otro modo. Pero sigo diciendo que estas preciosa – Y acerco una mano a mi cuello acariciándolo suavemente.

Le mire directamente a los ojos y vi fuego en ellos, destellos de chispas que salían de sus pupilas. Conocía esa mirada, la había visto muchas veces ya, sabía lo que venia después. Se levanto de la silla mirándome fijamente, y sin apartar sus ojos de mí se dirigió hacia los baños. Entendí perfectamente lo que quería, pero ¿Qué quería yo? Había llegado hasta allí sin querer pensar en las consecuencias de nuestro encuentro, sin querer plantearme nada, sin pensar demasiado en el pasado ni tener en cuenta el presente.

El había desaparecido por el pasillo que conducía a los servicios y yo no me había movido de la mesa. El esperaba que lo siguiera, me lo habían dicho sus ojos. Una mezcla de sensaciones se apodero de mi: nervios, miedo, deseo………. ¿Deseo? Volví a notar en mi cuerpo sensaciones que hacia mucho no sentía. Deseo, esa clase de deseo que te hace perder la cabeza en brazos de un hombre, que te vuelve loca, que te domina hasta la extenuación.

Me levante de la mesa y seguí sus pasos. No sabia exactamente donde se había metido. Probé primero con el baño de caballeros. Abrí la puerta despacio y me asome. No vi a nadie. Antes de que pudiera darme cuenta una mano me agarró por el brazo y tiro de mí hacia dentro del baño. De pronto me encontré frente a frente con él, que me agarraba con un brazo por la cintura, mientras que con la otra mano cerraba bruscamente la puerta y la aseguraba con el cerrojo. Nuestras bocas estaban muy cerca. Me besó y empezó a empujarme hasta que mi espalda topo con la pared. Se apretó fuertemente contra mi y me susurro al oído “Ya no tienes escapatoria” No la quería, no quería escapar después de haber sentido de nuevo sus besos.

Comenzó a recorrer mi cuerpo con sus manos por encima de mi ropa a la vez que me besaba, no daba tregua, parecía que todo era poco para sus manos. Yo me agarraba a su espalda y me dejaba hacer. Note sus manos en mis pechos, apretándolos, su boca bajando por mi cuello, lamiendo mi oreja. Apoye mi cabeza contra la pared, arqueando la espalda, ofreciéndole el cuello que el besaba con una desatada pasión mientras sus manos seguían recorriendo centímetro a centímetro mi cuerpo. Nos estábamos convirtiendo en dos animales sexuales, dos fieras enjauladas en el deseo. Su boca se acerco a mi oreja y me susurro, con una suavidad que contrastaba con la dureza de sus palabras “voy a follarte”. La seguridad que el delataba y sus palabras hicieron que me excitara aun mas.

Se separo un poco de mi y me abrió la blusa arrancando todos los botones del tirón, me subió el sujetador y comenzó a besarme los pechos con ansia mientras sus manos subían y bajaban por mis muslos y se detenían entre mis piernas. Apenas podía ahogar los jadeos que sus caricias me producían. Comencé a desabrocharle la camisa y los pantalones. El tiempo había sido muy generoso con su cuerpo. Si antes era atractivo ahora era tremendamente deseable. Introduje una mano dentro de su pantalón y comencé a acariciar su sexo que ya estaba duro, grande y poderoso.

- Mmmmmmmm Pensé que no lo ibas a hacer nunca – me dijo mirándome directamente a los ojos e introduciendo una de sus manos dentro de mi pantalón.

No podía hablar, no era capaz de pronunciar palabra. La cabeza me daba vueltas. Nos mirábamos directamente a los ojos mientras nuestras manos recorrían el sexo del otro y jadeábamos.

- Chúpamela – casi me ordeno

Y yo obedecí sin rechistar. Se coloco de espaldas a la pared se apoyo en ella y yo me arrodille ante él introduciéndome todo su sexo en la boca, saboreándolo, lamiendo con mi lengua todo el tronco, mordisqueando. Oía sus jadeos cada vez más fuertes y rápidos y mis labios se aceleraban sobre su sexo, apretándolo, lamiendo la punta con la lengua, succionando. Estaba a punto de llegar al orgasmo, conocía perfectamente sus jadeos y sus espasmos. El tiempo no es capaz de borrar ciertas huellas. Arremetí con más fuerza con mi boca hasta que note como un liquido viscoso y salado caía en mi lengua y a la vez que su cuerpo se contraía y se relajaba ante los espasmos del placer

Cerró los ojos respirando profundamente, agotada aun por lo que acababa de suceder. Limpie su sexo con mi boca, con mi lengua, impresionada porque su sexo no había perdido ni un ápice de su erección. Me incorpore hasta que estuve frente a él de nuevo. En ese momento el pareció volver a la realidad bruscamente. Me agarro por los hombros, me giro y me pego a la pared bajándome el pantalón. Su mano se hundió entre mis piernas, introduciendo un dedo en mi cavidad que comenzó a mover con fuerza. Yo me dejaba ir entre sus manos, respirando con fuerza, intentando contener jadeos y gemidos. Paro de pronto y se agacho a quitarme el pantalón. Saque los pies de los zapatos como pude para poder deshacerme del pantalón cuanto antes. Me tomo por debajo de los brazos, y me elevo un poco. Mis piernas se cruzaron en su cintura. Nuestros sexos quedaron juntos, rozándose. En esa posición avanzo hasta el lavabo. Allí me coloco sobre el borde, abrió mas mis piernas y empezó a masajearme el clítoris. Yo notaba su pene muy cerca de mi sexo. Sentía como mi cuerpo se hacia agua, empapando mi vagina. Se acerco a mi oreja y me dijo:

- Pídemelo. Pídeme lo que deseas –
- Follame – fue todo lo que mi boca pudo articular

Agarro su sexo, le coloco en la entrada de mi cueva y de un empujón firme y preciso me penetro de golpe. Sus embestidas eran fuertes. Yo apoyaba las manos a los lados del lavabo intentando no ser vencida por los envites de su cuerpo mientras sentía oleadas de placer que recorrían todo mi cuerpo. No podíamos ahogar nuestros gritos, nuestros gemidos.

Alguien comenzó a aporrear la puerta, pero eso no hizo sino excitarnos aún más. Sus movimientos contra mi aumentaban de fuerza y de velocidad. Yo estaba la borde de la locura. Notaba como llegaba el orgasmo, como mi vientre se contraria, los músculos se tensaban y todo mi cuerpo estallaba en un hondo suspiro. Nos corrimos juntos y nos quedamos unos minutos apoyados uno en otro descansando.

Los golpes en la puerta habían cesado. Se salio de mi y comenzamos a recomponernos la ropa. Busque los pantalones y el tanga, me lo puse, ajuste el sujetador en su sitio. Me coloque la camisa y al ir a abrocharla comprobé que todos los botones estaban arrancados. Decidí atármela a la cintura como pude, intentando cruzarla un poco, pero no dio mucho resultado. Javier se asomo a la puerta y me hizo un gesto para que saliera. Crucé las brazos sobre el pecho y salí caminando tranquila por el pasillo hasta la mesa. Al pasar junto a la barra no me atreví a mirar al camarero, volví a la mesa y sin cambiar la postura me senté y me recosté sobre los brazos. El café se había quedado frío, pero aún así le di un sorbo. Al poco tiempo llego Javier y se sentó en su silla.

- No puedo estar así – le dije señalando mi camisa.
- Es lógico, vamos a mi casa – contesto

Antes de levantarnos de la mesa me cogio de la barbilla y dándome un profundo beso me dijo:

- Siempre me encanto hacer el amor contigo –

Cuando dejo de besarme le dije:

- Tu y yo nunca hemos hecho el amor -

martes, 10 de junio de 2008

UNA MESA DE BILLAR FRANCES

El tipo aquél llevaba viniendo por el bar poco más de dos semanas. Todas las noches, a la misma hora, llegaba, se sentaba en un taburete al final de la barra, pedía una cerveza y un tequila, que tomaba de un solo trago, apoyaba los codos sobre el mostrador y con la mirada perdida saboreaba lentamente la Coronita que yo me había encargado de servirle. Pantalón vaquero viejo, botas negras, cazadora de cuero marrón, pelo despeinado y barba de tres días.

Como si todo formara parte de un ritual, tras beberse la cerveza, esperaba paciente a que llegara casi la hora de cerrar. Para ese momento los clientes ya se habían marchado y la mesa del billar que estaba al fondo del local se quedaba vacía. Aproximadamente media hora antes del cierre, él se acercaba a la mesa, echaba una moneda y comenzaba una solitaria partida de billar francés, que duraba hasta apenas unos minutos antes de cerrar. En ese momento, el dejaba el taco del billar colocado, se alejaba de la mesa, pasaba frente a la barra y se dirigía hacia la puerta, mientras yo, con todo el local recogido ya, me colocaba mi cazadora y cogía las llaves para salir detrás de el y echar el cierre.

Los primeros días sentí algo de miedo al quedarme sola con él en el bar, a esas horas. Después me acostumbre a su presencia, tanto que a veces se me hubiera olvidado que estaba allí, de no ser por el ruido que las bolas del billar hacían al chocar entre si. Yo recogía todas las noches con total naturalidad. Jamás me sentí observada. Iba de un lado para otro colocando mesas y sillas, recogiendo vasos y a veces hasta me sorprendía canturreando.

Nunca, ninguna noche, me fije por donde se iba él. Yo salía detrás y me quedaba cerrando con llave la puerta del bar. Cuando acababa, me abrochaba la cazadora, guardaba las llaves en el bolso y me encaminaba a pie hasta mi casa, a pocos metros del sitio donde trabajaba. Algunas noches la luna me acompañaba en mi paseo, otras camina sola con mis pensamientos. Nunca antes gire la cabeza para ver como él se metía, agazapado entre la oscuridad, en el portal de enfrente y me miraba mientras yo avanzaba, sola, por la calle iluminada de farolas. Nunca, hasta la noche que oí unos pasos a mi espalda y note una mano agarrándome por la cintura.

Aquel contacto hizo que me sobresaltara. A esas horas y en la oscuridad de la noche mi instinto me hacia presagiar que nada bueno podía ocurrir. Gire la cabeza y le vi, el jugador de billar estaba detrás de mi, rozándome levemente la espalda. Le mire sorprendida…. “Disculpa” me dijo “Creo que me he olvidado las llaves de mi casa en el bar. ¿Podrías abrirle para recogerlas? Si no, esta noche tendré que pasarla en la calle y aunque no tengo mucho sueño……… no me apetece dormir a la intemperie”.

Sin mediar palabra y con cierto fastidio, gire sobre mis pasos, seguida de nuevo por el jugador, para abrir el bar y que cogiera sus llaves. Entramos una tras otro, encendí las luces. Él se dirigió hacia la mesa de billar y buscó las llaves. Con ellas de la mano, se encamino hacia la puerta y al llegar a mi altura se acerco y dándome las gracias, me dio dos besos, el primero en la mejilla y el segundo, tomándome por la cintura y apretándome contra el, me lo dio en la comisura de los labios.

Un golpe de viento termino de abrir la puerta que había quedado entreabierta. El jugador se dirigió hacia ella y agarrándola por el pomo, la cerro tras de si, dejándome sola en el bar, con la mirada perdida.

Al día siguiente todo transcurrió como de costumbre. A la misma hora de siempre él llego, se sentó en su rincón y comenzó el ritual de todas las noches. De vez en cuando yo le miraba de reojo, como intentando vislumbrar algo nuevo, distinto, en él, pero no fue así. Mantenía el mismo gesto, la misma mirada y la misma actitud de todas las noches.

Como todas las noches espero a que el local se quedara vacío para jugar su partida de billar. Como todas las noches yo comencé a recoger el bar. Como todas las noches, unos minutos antes de cerrar él se dirigió a la puerta, pero esta vez no para abandonar el local. Paso frente a mí, me quito las llaves que tenia en la mano y cerro el local por dentro, quedándonos ambos encerrados en él, y guardo las llaves en un bolsillo de su pantalón. Volvió sobre sus pasos hacia la mesa y mientras echaba otra moneda, me pregunto “¿Juegas al billar?”. “Si” conteste, y ofreciéndome un taco, me invito a acercarme. Me acerque quitándome la cazadora que ya llevaba puesta y dejándola sobre una mesa, tome el taco y espere que él colocara las bolas. “Adelante, me dijo, tu primero” Entice el taco y con un golpe seco y suave, logre mi primera carambola. Me aparte de la mesa, para darle paso a él, que me observaba desde una esquina de la misma. Sin cambiar de posición y sin dejar de mirarme, golpeo la bola que choco sin éxito contra un lateral, cosa que a él no debió importarle mucho. De nuevo mi turno. Observe las bolas y me coloque de nuevo para volver a golpear. Concentrada como estaba en la jugada no oí como se acercaba a mi y se situaba detrás . Al levantarme, mi espalda choco contra su pecho, a la vez que una mano me sujetaba la cintura desde atrás y los labios del jugador se posaban en mi cuello. Apoye el taco en el suelo, a modo de bastón, mientras él dejaba caer el suyo al suelo. Su cuerpo se inclino hacia delante haciéndome que adoptara de nuevo la posición de jugar. Me tomo la mano que sujetaba el taco y con ella entre las suyas, se coloco para hacer chocar las bolas, aprisionando mi cuerpo entre el suyo y la mesa de billar, y sin separar sus labios de mi cuello. No se como consiguió hacer carambola, quizás solo fue casualidad.

Hizo que soltara el taco sobre la mesa y extendió mis brazos sobre ella, sujetándolos con sus manos. Mi cara, girada, reposaba sobre el tapete, mientras su boca recorría mi mejilla y mi oreja y notaba su respiración en mi espalda. Respire hondo y cerré los ojos, abandonándome a sus besos y a las caricias que empezaba a regalarme sobre los brazos y que iban bajando poco a por mis costados, acariciando levemente mis pechos, hasta terminar en mi cintura. Allí se colaron con hábil maestría entre la mesa y yo y comenzó a desabrocharme el vaquero. Yo permanecía quieta, sin atrever a moverme, esperando……… Note como termino de desabrocharme el pantalón y como comenzaba a despojarme de el, a la que vez que me quitaba también el tanga. Cuando ambas prendas estaban en mis tobillos, me tomo por debajo de los brazos y me incorporo, se pego a mí, haciéndome notar contra la piel desnuda de mis nalgas el áspero tejido de su pantalón. Con un par de movimientos rápidos, saque los pies de los zapatos y me termine de liberar de los vaqueros: “Muy bien” me susurro al oído para después dejar deslizar su boca sobre mi cuello, mientras me desabrochaba la camisa. En pocos minutos estaba completamente desnuda ante el, que por el contrario no se había quitado una sola prenda. Me acariciaba los pechos pellizcando mis pezones, que yo sentía cada vez más duros por la excitación. Algunos jadeos comenzaron a escapar incontroladamente por mi boca, mientras sus labios se apretaban mas sobre mi cuello y yo reposaba la cabeza en su hombro. Sin soltar mis pechos, me empujo nuevamente la espalda con su cuerpo hasta quedar otra vez con el torso sobre la mesa de billar. Con sus pies entre los míos, empujándolos levemente, me separo las piernas e introdujo una mano entre ellas. Acaricio mi sexo lentamente con la palma de su mano. Yo me sonroje al saber que estaba notando mi humedad, mi gran excitación… Acto seguido sentí entre los labios de mi sexo algo duro, frió, redondo, que se frotaba contra ellos, dentro de ellos. Gire un poco la cabeza y vi como el jugador sostenía en taco de billar que estaba frotando contra mi. Deslizaba el taco sobre mi coño húmedo cada vez con mayor rapidez, desde el clítoris hasta la entrada de mi vagina, arrancándome gemidos de placer, hasta que note como introducía el taco en mi, con una ligera presión que me hizo dar un respingo. “Tranquila………… quieta” susurro, e introdujo un poco mas el taco en mi interior. Empezó a follarme con el taco casi con brusquedad, pero yo cada vez estaba mas excitada y agitaba mis caderas sobre la mesa de billar, buscando el taco, buscando la sensación de sentirme llena. Mi culo debía de estar dándole un esplendido espectáculo. Mi respiración era cada vez mas acelerada pues el momento del orgasmo se acercaba. El lo noto y durante unos segundos acelero el ritmo. Estaba a punto de correrme cuando en una de las embestidas del taco, este se salio de mi. En un gesto instintivo lleve una de mis manos hasta mi entrepierna, pero el jugador me sujeto la muñeca, y me susurro al oído “Aún no…. “ Me puso de pie y me dio la vuelta, quedándome de frente a él. Empezó a besarme los pechos, mordisqueando mis pezones. El calor que sentía entre mis piernas se acentuaba con las caricias de su lengua y sus mordiscos. Le desabroche la camisa y se la quite, quedando ante mi un torso fuerte y musculoso, apenas surcado por algo de vello, que yo recorría con las manos de arriba abajo. El me apretó contra si y me beso con pasión mientras mi cuerpo se dejaba caer de nuevo sobre la mesa de billar, esta vez de espaldas. Me acomode en el centro de la mesa y le espere…… espere que el llegara hasta mi, que me regalara nuevos besos y caricias. Su mano sabia empezó a acariciarme entre las piernas, rozando a penas con la yema de los dedos mi clítoris. Nuevas oleadas de placer surcaban mi cuerpo, y un deseo irracional comenzaba a apoderarse de mi. Jadeaba, gemía, gritaba…… iba a estallar de un momento a otro entre sus manos. Cerré los ojos, apreté los labios y tuve un orgasmo que me dejo tiritando sobre la mesa de billar. Apenas me había recuperado el saco su sexo del pantalón y empezó a acariciarse sin dejar de mirarme. Me incorpore, me coloque de rodillas frente a el y devore aquella polla dura y caliente. Mi boca se lleno de ella, mi saliva la empapaba por completo y mi lengua la envolvía, lamiéndola golosa. Le oír rugir de placer sobre mi cabeza, mientras con sus manos dirigía mis movimientos, ya no era yo la que engullía, ahora era el que follaba mi boca. Notaba las embestidas de su polla casi en la garganta e intentaba reprimir las arcadas, pero a duras penas podía conseguirlo, sin embargo mis labios se aferraban a su verga sin soltarla. Su respiración se aceleraba a la vez que el movimiento de su pelvis frente a mi cara, hasta que note en mi boca el sabor salado de su semen y los espasmos de su orgasmo. Soltó mi cabeza y dando un paso atrás libero su sexo de mi boca. “Apuesto a que sigues húmeda” me dijo, y poniéndome de pie introdujo un dedo en interior. Sentí como me ponía roja al comprobar como el notaba mi gran excitación. Empezó a mover el dedo lentamente, para introducir después otro…. El contacto con su carne me abrasaba por dentro. Me coloco nuevamente de espaldas a el y me apoyo sobre la mesa de billar. “Ahora si” me susurro al oído, mientras introducía su polla en mi y empezaba a follarme cada vez con mas rapidez, con mas urgencia, agarrándose a mis caderas hasta que me hizo estallar de nuevo en un orgasmo al que le sucedió otro y otro mas. Mi tercer orgasmo coincidió con el suyo. Note como se vaciaba dentro de mi otra vez.

Estaba exhausta…. Medio tumbada sobre la mesa de billar con él a mi espalda, oia sus movimientos pero era incapaz de levantarme a mirar, hasta que le vi pasar por delante de mi, vestido, camino de la puerta. Se giro para dejar las llaves sobre la barra del bar, pero ni siquiera me miro.

La noche siguiente el tipo aquél no llegó a la hora de siempre, no se sentó en un taburete al final de la barra, no pidió una cerveza y un tequila, y no la saboreo con la mirada perdida. La noche siguiente, el tipo aquel: pantalón vaquero viejo, botas negras, cazadora de cuero marrón, pelo despeinado y barba de tres días entro justo a la hora de cerrar, camino derecho hacia el billar, cogió un taco, y plantado frente a él, me dijo: “¿juegas al billar?”

martes, 20 de mayo de 2008

LOCURA



En aquel momento no recordaba nada de lo que había sucedió anteriormente….. no quería recordarlo. No necesitaba saber como había llegado hasta allí. Tan solo era consciente de que me encontraba sobre la cama, desnuda, entre las sabanas revueltas a mi lado y junto a ti.

Me agarraba a la tela que me envolvía, con pasión, con frenesí, mientras mi boca entreabierta dejaba que tu impúdica lengua se introdujera en ella para recorrerla sin el menor atisbo de piedad, sin darme lugar a jadear a mi antojo.

Una de tus manos apretaba mis pechos con vehemencia mientras la otra recorría mi sexo con una sabiduría y una habilidad innatas. La humedad no solo empapaba esa parte de mi cuerpo, sino que llegaba también a mis muslos, tal era la excitación que sentía, y además mojaba tu mano, que no daba un respiro a mi coño.

Me acariciabas el clítoris lentamente, para ir aumentando el ritmo poco a poco, mi respiración se agitaba haciendo que mis pechos subieran, como buscando tu mano. Me hacías llegar al límite, y cuando estaba a punto de estallar, me abandonabas a mi desesperación, sin desamordazarme con tu boca, para después volver de nuevo a la carga introduciendo uno…….dos……. tres dedos en mi mojada cavidad, que comenzabas a mover, haciéndome gemir de nuevo, ronroneando entre tus brazos como una gata en celo. Cada vez que notaba como tus dedos entraban y salían de mí, me agarraba con más fuerza a las sabanas. Intentaba zafarme de tus besos para jadear libremente, pero tu mano atenazaba mi nuca pegando mi cabeza a la tuya, sin dejarme escapatoria.

A un segundo de tocar el cielo con las manos sacaste los dedos de mí, dejándome otra vez desesperada, a punto de sollozar. Que cruel tortura me estabas inflingiendo. Nunca pensé que el placer pudiera doler tanto, y de repente a mi cabeza llego una frase tuya: “Es necesario conocer el dolor para poder reconocer el placer” ¿Era eso lo que estabas haciendo conmigo?

Volviste a la carga con mi clítoris, cada vez mas hinchado, cada vez más sensible al tacto. Yo albergaba la esperanza de que esta vez me dejaras llegar hasta el final, pero pude volver a comprobar que tu crueldad no tenía límites.

El deseo me hizo enloquecer de tal forma, que sin saber como, ni de donde saque la fuerza, logre zafarme de ti, que quedaste tumbado en la cama boca arriba, con tu miembro duro, fuerte, poderoso, enhiesto. No pensé, solo actué. Me coloque a horcajadas sobre ti, llenándome de ti, clavándome tu polla hasta el final y comencé una frenética cabalgada, cegada por el deseo de llegar hasta el éxtasis. Te mire a los ojos y solo vi frialdad en ellos, pero apenas si pude percatarme de ello, cegada como estaba en llegar a mi propio placer. No me percate de tu mirada vacía, de tu gesto impertérrito, de tus brazos reposando a ambos lados de tu cuerpo, inertes.

Tras una lujuriosa cabalgada llegué al éxtasis. Note como desde mi vientre me recorrían escalofríos electrizantes por toda la espalda. Gemí como nunca lo había hecho, mordiéndome los labios casi hasta hacerlos sangrar, y deje que mi cuerpo abandonado cayera sobre el tuyo con el único fin de disfrutar las ultimas oleadas de placer pegada a ti, sin darme cuenta de que tus brazos se habían extendido frente a mi y pararon mi caída apoyándose sobre mis hombros. Entonces te mire… tu mirada ya no era vacía, ahora estaba llena de dureza. Sin mediar palabra te giraste conmigo aún encima de ti, haciendo que cayera sobre mi costado. Te pusiste de rodillas, y colocando a cuatro patas, hundiste mi cabeza en la almohada, mientras mi trasero se te ofrecía voluptuoso.

A pesar de mi cabalgada, tú no habías perdido ni un ápice de tu erección. Fue entonces cuando me di cuenta de que no te habías vaciado en mí y de pronto fui consciente de lo que iba a suceder.

Con la cara sobre la almohada, y expuesta a tus deseos comencé a sentir un tremendo desasosiego. Nunca antes había visto esa seriedad en tu rostro, esa dureza. Una mezcla de sensaciones me atenazaba el estomago, me gustaba pero a la vez sentía miedo…..

Note como, de una fuerte embestida toda tu polla entraba sin ningún miramiento en mi, a la vez que uno de tus dedos se dirigía a mi ano y comenzaba a masajearlo. Intente protestar pero tu mano atenazaba con fuerza mi cabeza sobre la almohada, impidiendo cualquier movimiento.

Si la primera embestida fue fuerte, las que le siguieron fueron mucho mas, sin embargo el dolor no lograba disminuir mi placer y comencé de nuevo a abandonarme a esas sensaciones, hasta que de pronto paraste, y del mismo modo que me habías penetrado anteriormente, volviste a hacerlo, pero esta vez en mi ano, sin delicadeza, de un golpe seco note como entraba toda ella en mi, y una punzada de dolor me hizo gritar. Las lagrimas resbalaban por mis mejillas, pero tu continuabas implacable el camino que esta vez te iba a llevar al éxtasis a ti. Sentía dolor, pero no quería que pararas, y no lo hiciste, hasta que note como chorros caliente me inundaban por dentro y tus penetraciones eran cada vez mas leves y distanciadas, hasta que de un ultimo empujón, te vaciaste por completo en mi y te saliste.

Con un ligero empujón en mi cadera me hiciste caer de lado sobre la cama. Te recostaste junto a mi, y besando los surcos que mis lagrimas habían dejado, me susurraste tiernamente…. “Mi princesa”. Me abrace a ti con desesperación y hundí mi cara entre tu pecho mientras tu mano acariciaba dulcemente mi pelo. Hubiera podido morir allí mismo, en ese mismo instante, entre tus brazos…..

domingo, 23 de marzo de 2008

LAURA Y YO


Dedicado con todo mi cariño a Habana, Ana36, Lomaslejos y Luna37, todas ellas Chicas Divinas..........

Hacia rato que la fiesta había terminado. Todos se habían marchado excepto nosotros cuatro, que apurábamos nuestras copas sentados en los sillones, sin hablar, sabiendo que en cuanto se vaciaran tendríamos que ponernos a recoger. Adolfo y Jaime estaban, mas que sentados, desparramados sobre el sofá, y Laura y yo ocupábamos un sillón cada una, a ambos lados del sofá. Recline mi cabeza sobre el respaldo y cerré los ojos. Suspire profundamente.

- No te duermas - Me dijo Laura

- No, solo estaba pensando en algo - conteste –

Y abrí los ojos encontrándome directamente con la mirada de Laura, que en esos momentos me pareció preciosa, a la vez que note como un escalofrió recorría su espalda, le sonreí, cómplice, mientras ambas mirábamos a los dos chicos tirados en el sofá. No hizo falta más.

Deje el vaso en el suelo y me levante del sillón a la vez que ella, caminando en su dirección, contoneando las caderas y observando despacio su precioso cuerpo. Mi mirada se clavaba en él con pasión a medida que íbamos avanzando, un paso más y estaríamos pegadas una al cuerpo de la otra.

Jaime y Adolfo reaccionaron incorporándose en el sofá, mientras miraban alucinados la escena

Laura y yo nos tomamos de las manos y comenzamos a besarnos dulcemente. Pequeños roces en los labios con las bocas entreabiertas. Mi boca buscaba ansiosa la suya, mi lengua deseaba enredarse en su lengua y pegándonos un poco más nos fundimos en un beso profundo y lento

Ella sujeto mi cintura y note nuestros pechos rozándose ligeramente a través de la tela de nuestra ropa. Rodee su espalda con mis manos y comencé a desabrocharle la cremallera del vestido. Mis manos se encaminaron desde su cintura hasta los botones de su camisa. Los abrí uno por uno, al mismo ritmo que ella bajaba la cremallera. Abrí su blusa y contemple sus pechos aprisionados por el suave sujetador de encaje que llevaba. No pude resistir la tentación de besar la suave carne que sobresalía de ellos y se mostraba ante mi turgente y lujuriosa. Al notar como mi lengua recorría el comienzo de sus senos, termino de bajarme la cremallera del vestido, aparto los tirantes dejándolos resbalar sobre los hombros y el vestido cayó al suelo dejando al descubierto mi blanco y sedoso cuerpo

Alfonso y Jaime miraban cada vez con más asombro la escena sin peder detalle, mientras sendos bultos por debajo de la tela delataban su estado de excitación. Jaime ya comenzaba a acariciarse por encima del pantalón.

Subí la boca desde el pecho hasta el cuello y comencé a quitarle la camisa, quería disfrutar del fascinante espectáculo de su cuerpo en todo su esplendor. Lleve las manos a su cadera y comencé a subirle la falda, despacio, mientras la giraba para que quedara de espaldas a nuestros espectadores. Poco a poco sus piernas quedaron libres a su visión, los muslos, el pliegue de su final, el comienzo de esas sensuales nalgas, que no cubría el fino tanga negro……..

Me miró picaronamente y sonriendo echó un poco las caderas hacia atrás, sabedora del espectáculo que su culo estaba dando a aquellos dos improvisados mirones, que habían bajado ya las cremalleras de sus pantalones y se acariciaban impúdicamente por debajo de la ropa.

La acaricie la espalda, desde la cintura hasta el cuello “Mmmmmmm tienes una piel tan suave……” susurre en su oído y comencé a desabrocharle el sujetador liberando sus senos de él y empezando a acariciarlos

Laura notaba mis manos en sus pechos y las miradas de Adolfo y Jaime clavadas en su trasero. Desabrocho su falda y la dejo caer al suelo, ofreciéndoles así una mejor visión de todo su cuerpo, tan solo cubierto ya por el escaso tanga. Rodeo mi cuerpo con sus manos y me desabrocho el sujetador. Volvimos a movernos, quedándonos de nuevo de perfil, frente a nuestros chicos, que masajeaban cada vez con mas fervor sus respectivos sexos. Sentí sus manos en mis pechos y un deseo enorme de volver a besarla, de devorarla. Baje mi boca……. Atrape sus pezones con ella y comencé a jugar con ellos, primero uno, después otro, hasta notar como se iban endureciendo entre mis labios

Mmmmmmmmm Ella comenzó a gemir mientras acariciaba mi suave pelo, notando las caricias de mi lengua en sus pechos y sintiendo la excitación cada vez mas fuerte adueñándose de nuestros cuerpos. Ahora era Laura la que necesitaba devorarme, sujeto mis cabellos y aparto mi cara de su pecho, levantándola para besarme mientras nuestros cuerpos se pegaban y nuestros senos se rozaban impúdicamente. Al unísono, comenzamos a quitarnos los tangas, sin dejar de besarnos. Nuestras piernas se movían, permitiendo a las breves prendas descender hasta el suelo.

Sacamos los pies de los tangas y empezamos a acariciarnos ya sin pudor, solo con deseo. El alcohol había cegado nuestras mentes, ahora ya solo imperaban los mandatos del placer. Mi mano se coló entre sus piernas, acariciando su sexo húmedo y jugoso. Mis besos ahogaban sus gemidos.

Con mi mano entre sus piernas, comenzó a girarme hasta dejarme de espaldas a Adolfo y Jaime. Ahora era yo la que les ofrecia mi culito en todo su esplendor, separando un poco las piernas y sacando la cadera hacia atrás. Me volví, quedándome de frente a ellos, mientras Laura muy pegada a mi, clavándome los pezones en la espalda, empezó a acariciarme los pechos para ir bajando con una mano poco a poco hasta mi sexo, hasta notar mi estremecimiento al notar un dedo acariciando mi clitoris

Adolfo y Jaime se habían desnudado por completo y no dejaban de mirarnos desde el sofá con su sexo entre las manos. Eche mi mano hacia atrás y la colé entre nuestros cuerpos, haciendo lo mismo que ella me estaba haciendo a mi, acompasando mis movimientos con los suyos.

- Nenas, queremos veros bien - dijo entre jadeos Jaime

Nos separamos y nos tumbamos en el suelo, de costado, abriendo bien las piernas, dejando nuestros sexos expuestos a sus miradas. Colé mi mano al mismo tiempo que ella la suya y reanudamos nuestras caricias mas intimas. Ambas estábamos empapadas. Introduje un dedo en su coñito, que comencé a mover, primero despacio, para ir aumentando poco a poco el ritmo. Imitó mis movimientos, ajustando el ritmo de su mano a la mía. Nuestros jadeos se confundían con los de los chicos. Gire la cabeza y pude verlos, excitados al máximo, a punto de correrse.

“Otro más” la susurre, y ambas introdujimos un dedo mas en la otra. Un gato enloquecido arañaba mi vientre, mientras nuestras bocas se buscaban ansiosas y nuestros cuerpos se retorcían sobre el suelo. Las manos cada vez más rápidas hacían que oleadas de placer subieran desde mi sexo para estallar en mi pecho. Notaba los escalofríos del orgasmo recorriendo toda mi espalda, mi cuerpo se tensaba por momentos mientras sus dedos hacían sabiamente su trabajo entre mis piernas. Separamos nuestras bocas y comenzamos a respirar cada vez con más agitación, a gemir cada vez más alto. “Mmmmmmmmm siiiiiiiiiiiiiii” ahogue entre suspiros notando como me corría entre sus manos y como sus jugos se derramaban en las mías. Unos últimos empujones fuertes de nuestros dedos y el orgasmo se termino de desencadenar en nosotras.

Aún notando las últimas sacudidas del orgasmo, liberamos nuestros sexos y nos dejamos caer de espaldas sobre el suelo, con la respiración todavía agitada. Cerramos los ojos, en un intento de saborear aquel instante.

Tras descansar unos momentos, me incorpore para dar un dulce beso a Laura, que permanecía tendida en el suelo con los ojos cerrados. Me leante y mire a Adolfo y a Jaime, que seguían en el sofá, mirándonos, desnudos, sin saber muy bien si lo que acababan de ver y sentir era real o un efecto del alcohol consumido durante la fiesta. Me puse de pie, cogí mi vestido, y poniéndomelo dije: “Deberíamos recoger todo esto antes de que se haga más tarde”.